Según los últimos datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), España es el país del mundo con más esperanza de vida después de Japón. Con una media de 83,2 años, la longevidad de los españoles no ha dejado de crecer en los últimos años. Sin embargo, esta misma institución alerta sobre la pérdida de calidad de vida de los jubilados como consecuencia de las reformas económicas. Y aquí entran en juego las pensiones.

En la última década, muchos países europeos han saneado las cuentas públicas nacionales, en detrimento de la calidad de vida de los pensionistas. Esta situación se agrava cuando nuestros abuelos tienen que mantener a varios miembros de la familia que se encuentran en situación de desempleo.

Dice el sabio refrán que ‘la necesidad agudiza el ingenio’, así que muchos de nuestros mayores no se han sentado en el sillón del salón a lamentarse, sino que le han echado ganas e imaginación a este asunto y han buscado soluciones que a muchos sorprendería. Aquí entra en el tablero de juego una plataforma de alojamientos online: Airbnb.

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Existe la falsa creencia de que las personas de la tercera edad son incompatibles con la tecnología. Ellas mismas se han encargado de romper el mito navegando por internet como cualquier chaval y usando aplicaciones en sus móviles. Por lo tanto, ya sea movidos por la necesidad o por el espíritu de emprender que nunca nos abandona, los jubilados se han subido al carro de Airbnb, la popular plataforma de alojamientos turísticos.

Quizás para sorpresa de la misma empresa, el número de los llamados ‘anfitriones’ de este sector de la población, que ofrecen alquileres de habitaciones o la vivienda entera a los turistas ha crecido notablemente. Un informe de Airbnb señala que el aumento de la importancia de los caseros sénior se está produciendo tanto a nivel europeo como en España, en particular.

Sin ir muy lejos, el pasado año, esta compañía de alojamientos turísticos presente en casi todos los países del mundo, constató, en un análisis del perfil de sus anfitriones, que los mayores de 60 se habían duplicado y ofrecían más de 160.000 alojamientos en toda Europa. Por ejemplo, en España, Marbella aparece en el puesto 11, Torrevieja en el número 15 y Málaga en el 18.

Siete de cada diez caseros sénior reciben la máxima cualificación (cinco estrellas) en las encuestas. Debe ser porque la edad trae consigo la paciencia y el conocimiento del otro. Por lo tanto, nuestros mayores tienen más tiempo y han adquirido, además, las habilidades necesarias para que el visitante sienta el calor de un hogar en una vivienda de alquiler. En alguna ocasión, más de un visitante habrá podido degustar un plato elaborado por su anfitrión, o habrá sostenido una amena charla sobre los sitios de interés histórico-cultural de la ciudad que han elegido. A veces, el casero sénior alquila una habitación dentro de su casa más por sentirse acompañado que por motivos económicos.

Como todo en la vida, Airbnb tiene sus seguidores y sus detractores. Mientras la plataforma tecnológica destaca que el alquiler de alojamientos para estancias cortas puede convertirse en una fuente de ingresos, en especial para colectivos como los jubilados, algunas voces críticas se alzan y directamente acusan a esta empresa de reducir la oferta de alquiler para residentes, y de contribuir al encarecimiento de las rentas de los inquilinos, expulsando a los habitantes con menos recursos de ciudades turísticas como, por ejemplo, Barcelona.

Lo cierto es que nunca llueve a gusto de todos. La propia empresa estadounidense, criticó recientemente la entrada en vigor de la nueva Ley Turística en la comunidad Balear, pues aseguran que la normativa hará perder a la economía de la región 550 millones de euros. La plataforma de alquiler vacacional destacó que los pueblos pequeños serán los más afectados por la nueva legislación, puesto que el 70% de los anuncios en su página web se concentran fuera de las principales áreas turísticas. Airbnb asegura que su plataforma ayuda a “construir un turismo sostenible que beneficia a las familias locales y a sus comunidades”.

Precisamente dentro de esas comunidades están, lógicamente, los jubilados que, una vez subidos al barco de la tecnología, no renunciarán a seguir llegando a nuevos puertos. Es innegable que Airbnb ofrece la posibilidad a los viajeros de encontrar un alojamiento más económico y versátil, y al mismo tiempo se ha convertido ya en una forma de vida para quienes ponen en alquiler sus propiedades en zonas con alta demanda. Esperemos entonces que impere el buen juicio de los implicados para que todos resulten beneficiados, sobre todo en estos tiempos donde reinventarse ha pasado a formar parte de la propia supervivencia.