La oleada de incendios que azota Australia desde septiembre y que se ha agravado en los últimos días debido a las altas temperaturas, no sólo ha provocado la muerte de 19 personas y 480 millones de animales y la evacuación de miles de residentes y de turistas, sino que también está afectando al tráfico aéreo del país.

El pasado domingo, el humo obligó a la aerolínea de bandera australiana Qantas a cancelar todos los vuelos nacionales e internacionales entrantes y salientes del Aeropuerto de Canberra. La densa capa de neblina procedente de los incendios forestales de Nueva Gales del Sur y Victoria cubrió la capital haciendo peligrosas las operaciones. Por su parte, Virgin Australia y Singapore Airlines mantuvieron la actividad, pero tuvieron que hacer frente a varias interrupciones del servicio.

La situación durante el lunes y el martes se ha mantenido estable, aunque se han producido alteraciones y cancelaciones, tal y como han confirmado desde el propio aeródromo.

 

Fernando Marián, controlador aéreo en el Centro de Control Aéreo de ENAIRE en Canarias, explica a Tourinews que “en el caso de los incendios, la cancelación de operaciones de vuelo está fundamentalmente asociada a la reducción de visibilidad”. El profesional aclara que la visibilidad es un condicionante para las actividades en el entorno del aeródromo por lo que “son comunes las demoras” asociadas a ello ya que “los aviones tienen una capacidad limitada para operar bajo esas condiciones”.

Aclara que la cancelación de las operaciones en una situación de baja visibilidad puede deberse al nivel de precisión de los sistemas de aproximación por ILS (Instrument Landing System) del aeródromo. Estos determinan la altitud de decisión, es decir, la altura crítica a la que se puede abortar la maniobra de aterrizaje. Hay tres categorías de ILS: la III es la más precisa y permite aterrizajes en condiciones de visibilidad nula, mientras que la II y la I tienen más limitaciones.

Desde 2012, el Aeropuerto de Canberra tiene ILS de categoría II, que permite aterrizajes con una visibilidad mínima de 100 metros, pero para ello se requiere de una certificación adicional del avión y la tripulación. Marián explica que hay algunas compañías que optan por no invertir en una o en ambas cosas porque “supone mucho dinero certificar las aeronaves y las horas de formación y entrenamiento constante para los pilotos”. Esto explicaría por qué Qantas no pudo operar, mientras que algunos aviones de Virgin y Singapore sí.

Fuegos Australia

Fuegos Australia.: Fuente La Nasa

¿Problemas para Chile y Argentina?

Australia no es el único país que mira con preocupación a los cielos y es que la densa nube de humo ha conseguido cruzar los 11.000 kilómetros sobre el Océano Pacífico que la separan de Sudamérica.

El lunes, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) confirmó que el humo había conseguido llegar al país y a ciertas regiones de Argentina. En un artículo explicativo, los meteorólogos chilenos reseñaron que las partículas de humo o black carbon (carbón negro) consiguieron llegar  gracias a la circulación atmosférica, especialmente a los flujos del oeste. Hacen hincapié en que el humo alcanzó los 5 kilómetros de altitud lo que favoreció su desplazamiento mediante “corrientes de aire intenso” y completó su camino al continente americano “tomado por depresiones y sistemas frontales”.

En una imagen por satélite compartida por la DMC se puede observar en color café cómo se desplazó el humo.

humo incendios australia

Secuencia generada por la Oficina de Aplicaciones Satelitales, de la Dirección Meteorológica de Chile.

Pese a los cielos grisáceos que se han podido observar en ambas naciones sudamericanas, ni la Administración Nacional de Aviación Civil de Argentina (ANAC) ni la Dirección General de Aeronáutica Civil de Chile (DGAC) han emitido ningún tipo de alerta con respecto a la afectación de esta neblina en el tráfico aeronáutico.

Precedentes volcánicos

El mundo aeronáutico no es ajeno al impacto que la ceniza en suspensión y el humo puede tener en sus actividades. De hecho, recientemente han sido varios los volcanes que han generado auténticos caos en el aire.

En 2018, el volcán Merapi, en Java, llevó a las autoridades a decretar la alerta roja aseverando que  las nubes de ceniza volcánica podían causar "daños costosos" en los aviones. También en Indonesia el Monte Agung de Bali también provocó numerosas interrupciones de vuelos a lo largo de 2017 y 2018. Además, en Hawái, el Kilauea también ha sido protagonista en varias ocasiones. Sin embargo la que quizá sea más célebre es la erupción del Eyjafjallajökull, en Islandia en 2010, que llevó al cierre del espacio aéreo de gran parte del norte de Europa durante cerca de 15 días, afectando a más de 10 millones de pasajeros.

Fernando Marián especifica que pese a que la baja visibilidad es común tanto en el caso de los incendios forestales como en el de los volcanes, estos últimos son más peligrosos porque “existe la posibilidad de una afección mecánica sobre los motores”. Apunta a que en el caso de los incendios, el ascenso de polvo y cenizas es pasivo y las humaredas están más localizadas, mientras que los volcanes generan una columna de humo que sube muy alto: “Se crea un volumen brutal de sustancias sólidas como cenizas o piroclastos. Es un cañón que manda todas estas sustancias a la altura a la que vuelan los aviones”. Además, la temperatura de estas particular es más alta, son más compactas y mantienen por más tiempo el calor.

“Todas estas características hacen que su afección a un motor a reacción, que absorbe aire, sea muy alta. Las partículas sólidas pueden ser suficientes para estropear el motor, dando lugar a una situación es de emergencia”, concluye el controlador aéreo.

Glaciares teñidos de gris

El humo procedente de Australia no solo ha llegado a América del Sur, sino que también ha afectado a su país vecino. La nieve de los glaciares de la Isla Sur de Nueva Zelanda se ha teñido de marrón debido al polvo y las cenizas, arrojando imágenes impactantes.

Andrew Mackintosh, exdirector del Antartic Research Centre, ha alertado a The Guardian que esta capa de ceniza puede provocar que el deshielo de los glaciares crezca entre un 20 y un 30%.