Comenzábamos el 2022 con ilusión pero con una tremenda cautela. Inmersos en el devenir por el Covid, que personalmente yo ya no sabía si estábamos en la cuarta o séptima ola, si Delta era la última variante o ya estábamos en la Omega. Perdonadme esta frivolidad, ya que tengo un fuerte respeto hacia las personas fallecidas directamente por la pandemia o por empeoramiento de otras patologías a causa de esta.

Sin embargo, cuando tu gestión, el soporte de tu plantilla y la libertad de movimiento de las personas depende de un grupo que tomaba decisiones aparentemente aleatorias, tu impotencia te hace quedar en manos de la esperanza más que en una capacidad de gestión real.

Pasan varias semanas y nuestro sector se estaba animando, hasta que el día 24 de febrero Rusia invade Ucrania comenzando una nueva guerra que por máxima cercanía nos afecta.

Sin embargo, esta triste situación que nos eriza los pelos, que nos hace pensar en lo peor, que nos pone es tensión, y monopoliza todas las conversaciones, finalmente no tiene una consecuencia directa con nuestro destino: no es solo que los turistas sigan llegando, sino que desde marzo las ocupaciones y los precios medios son sorprendentes, en la línea de los mejores años del turismo. Los ingresos sí, pero los gastos también baten récords: los suministros se disparan hasta un 100% lo que directamente repercute en el aumento de precios de todos los demás aprovisionamientos, así como escasez en la oferta.

Foto: Pixabay

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En todo caso, la excelente gestión que realizamos en nuestra hostelería nos ha permitido salvar el año con satisfacción y muy por encima de las previsiones iniciales. En pocas semanas las empresas cotizadas de turismo darán resultados del 2022 y pocas sorpresas tendremos sobre nuestras estimaciones positivas.

¿Y cómo se prevé el 2023?


Comenzamos con gran ilusión, pero seguimos con cautela. Los costes de suministros se van ligeramente reduciendo, al menos estabilizando, y la oferta de aprovisionamientos van aumentando, eso es positivo. También es positivo ver las previsiones de viajes: los turistas siguen ilusionados en continuar con sus vacaciones.

La guerra, en realidad, sigue sin ser un elemento condicionante para hacer o no vacaciones. En todo caso, tanto los turistas como nosotros, anfitriones de los turistas, estamos deseando ver un final pacífico y a corto plazo.

Con todas estas variables anteriores bajo control, el punto de mayor desconcierto en turismo, que es lo que nos toca, concretamente hostelería y especialmente Canarias, y que afecta también a otros sectores, son los recursos humanos. En un artículo de opinión anterior ya comenté sobre esto, aun siendo un problema emergente, pero las previsiones apuntan a que en verano del 2023 va a ser un gran problema para el que hemos de prepararnos desde ya. Si esperamos, nos pillará el toro y el lamento será instalaciones cerradas por no tener recursos humanos que puedan dar el servicio. Aun así, encontraremos la solución, siempre lo hacemos, aunque sea a la española, improvisando, hecho que personalmente prefiero evitar si tenemos la opción de planificarlo con tiempo.

Con estas cautelas, inquietudes e incertidumbres, comenzamos un año con gran ilusión.

 

 

*José Ángel Vázquez Romero, director del Hotel H10 Timanfaya Palace (Lanzarote), director del área de Alojamientos Turísticos del Colegio Profesional de Turismo y docente en el MBA Turismo del Instituto Canario de Turismo.