La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) permitirá a las aerolíneas reducir la cantidad de combustible transportado durante las operaciones, con el fin de reducir las emisiones de CO₂ del vuelo en general y el impacto ambiental del vuelo.

La normativa exige que las aeronaves lleven suficiente combustible para garantizar la seguridad de las operaciones en caso de que su plan de vuelo se vea afectado, ya sea por demoras en la aproximación al aeropuerto de destino o la imposibilidad de aterrizar debido a las condiciones climáticas u otros problemas. Paradójicamente, el transporte de combustible adicional, genera más peso a la aeronave, aumentando tanto el consumo de combustible como las emisiones.
 

Diferentes decisiones tomadas por parte de EASA  Fotos vía Facebook (@European.Aviation.Safety.Agency)

Diferentes decisiones regulatorias tomadas por parte de EASA | Fotos vía Facebook (@European.Aviation.Safety.Agency)

Tres esquemas de combustible


Ahora, mediante el cambio regulatorio —a través el Reglamento (UE) 2021/1296 y la Decisión EASA 2022/005/R—, que entrará en vigor el 30 de octubre de 2022, las aerolíneas podrán reducir más la carga extra de combustible, basándose en la evaluación y optimización. Las reducciones precisas que estarían permitidas para operaciones individuales varían según la ruta y la aeronave utilizada. Las aerolíneas podrán acogerse a tres opciones:

  • El esquema de combustible básico —similar al actual—.
  • El esquema de combustible con variaciones y el esquema de combustible individual. Estos dos últimos son voluntarios y requerirán más recursos para ser implementados.
     


 

 “No hay razón para elevar al cielo más reservas de combustible de las necesarias: elevar el combustible quema más combustible. Lo que es más importante, esto se puede hacer sin comprometer la seguridad: la reducción es posible gracias a mejores métodos de evaluación y mejores datos que permiten a las aerolíneas llevar a cabo una evaluación de riesgos más precisa”, ha explicado Jesper Rasmussen, director de estándares de vuelo de EASA.

Desde la entidad europea también subrayan que el cambio no solo afecta a las aeronaves que emplean derivados de los hidrocarburos, sino que se aplicará a las propulsadas total o parcialmente por fuentes de energía alternativas, como la eléctrica.