Hace unos días conversaba con Pablo Torres —consultor Hotelero y formador— a través de un pódcast, en el que una de las preguntas clave estaba relacionada con el talento y los medios que las empresas destinan a la formación. Mi respuesta es la que voy a intentar ampliar en este espacio de reflexión escrita.

Estoy más que acostumbrado a recibir opiniones —principalmente en privado— totalmente contrarias a las que normalmente expreso y la conclusión que siempre saco cuando analizo algunos perfiles de las mismas, es que se deben a lo que venden y, por supuesto, esa venta —en muchos casos volátil o humo, llamadlo como queráis— está vinculada a una forma de vida fácil en los tiempos que corren y que nada tiene que ver con el terreno que miles y millones de personas pisan diariamente en este sector.

Lo fácil es hacer lo que hacen esos “gurús” del turismo o “life coaches” y todo lo que engloba este sistema de venta, que es lanzar mensajes de optimismo como “es el momento del cambio”, vender felicidad, regalar sonrisas… Y eso está todo muy bien, pero la realidad es que a medida que van pasando las semanas, meses, años, incluso décadas, todos esos “gurús” siguen con el mismo mensaje, es decir, no se renuevan, viven del éxito que tuvieron en un momento determinado, donde algunos de esos argumentos eran novedosos y acertados, pero en la actualidad vemos artículos cambiando los párrafos, el que iba abajo ahora va arriba y los que lo hacen a través del medio visual, son mensajes repetitivos y donde el cambio no es más que el paso de los años del protagonista, cuando se debería evolucionar también en el contenido, de la misma forma que todo cambia: las generaciones, las formas de ver la vida y afrontarla, la forma de hacer turismo, etc.
 

'Gurú' del turismo

'Gurú' del turismo

Sin ir más lejos, también comentaba con Pablo un formato de televisión que se ha emitido en medio mundo que es ‘El Jefe Infiltrado’. Un formato que pone en evidencia la decadencia empresarial de quien se presta a participar en él.

Haciendo un resumen del mismo: el jefe, propietario o CEO de la empresa, se disfraza para que nadie lo identifique y, con la excusa de que es alguien que está en otro tipo de reality, se infiltra en su propia empresa y en varias de las áreas para saber cómo actúan y trabajan sus propios empleados, lo que tira por tierra ese hipotético control que con base en una cultura de empresa o formación continua debería reinar, para no encontrarse con sorpresas. Después de pasar varios días trabajando a jornada completa en la operación y viendo los entresijos que la mayoría de los de arriba parece desconocer de las empresas que ellos mismos dirigen, vemos cómo algunos se echan las manos a la cabeza por cómo se opera por parte de sus empleados y/o colaboradores desconocen sus circunstancias personales y cuánto tiempo llevan trabajando para ellos, entre otros aspectos, y es en ese mismo instante cuando se permiten el lujo de hacer algo por ellos.

Todo termina en un cara a cara con los empleados, en estado normal para el jefe y en su oficina, donde se ponen encima de la mesa ciertos errores que, según el jefe, dañan la operativa, los estándares, la imagen o la falta de trabajo en equipo, individualidades u otros aspectos con los que el jefe no está de acuerdo, para pasar a la acción positiva de “voy a ayudarte”. Recompensas que tienen que ver con el ámbito familiar del empleado o ayuda en su formación particular, entre otros obsequios varios.

Me parece un claro ejemplo, como decía, del desconocimiento y poco interés que tienen “los de arriba”, esos que viven en una realidad paralela rodeada de números, entrevistas, congresos y opiniones en revistas especializadas, para con los que de cierta manera hacen lo que pueden y con los medios que tienen para que dichos números sean verdes y no rojos.
 

Programa de televisión.  El Jefe Infiltrado

Programa de televisión. El Jefe Infiltrado

En la operación filmada se ponen en evidencia las denuncias por parte de los empleados sobre la falta de personal, estándares obsoletos, falta de formación continua, falta de medios y equipamiento adecuado, falta constante de comunicación adecuada y un sinfín de circunstancias que el jefe debería conocer antes de prestarse a este tipo de formatos televisivos, pero nunca es el caso.

 El análisis general al mismo, no se limita en decir:

 - Joder qué jefe más bueno tenemos que le ha regalado a un empleado un viaje a Disney World para toda su familia, o

-¡¡Qué jefazo!!! Le ha regalado un coche a otro empleado para que este no llegue tarde nunca más.

El análisis de este formato televisivo es el reflejo de la decadencia empresarial. En líneas generales, es mucho más profundo y está basado principalmente en el desconocimiento de lo que pasa realmente en la empresa y en la falta de calidad de vida laboral que dicho jefe, propietario o consejero de administración, debería otorgar al colectivo general de sus empleados y que no es más que lo que dicho programa evidencia y he comentado ya. La falta de todo.

No basta con el esfuerzo de determinados empleados para con la empresa de manera individual y en muchos casos extremadamente leal. No basta con un regalo puntual por ser como es y que gracias a un programa de televisión han sabido detectar, no basta con echar en cara errores en la operación y querer ponerle nombres y apellidos. Hay que hacer algo más para el cambio positivo de las organizaciones.

 

 

De vez en cuando —o ¡¡siempre!!— depende de la capacidad que tengas en ver la foto general de tu empresa. Hay que bajar a la tierra y ser capaces de poner los pies en el suelo, acompañar de manera incondicional en todos los procesos que se establecen; tener la capacidad de ser más humano y humilde para con ellos, los que se levantan a las cuatro o cinco de la mañana para levantar una sociedad y son capaces de sacrificar tiempo con sus familias por un ridículo sueldo, en muchos casos sin exigir demasiado a cambio; ser capaces de preocuparse de manera certera de si sus condiciones son las adecuadas para dichas operaciones; tiempos y horarios flexibles, donde la conciliación familiar sea justa; formaciones continuas a cargo de la empresa, pero no solo las que dicha empresa puede aportar, sino también las que a cualquier empleado les gustaría hacer, aunque sea fuera de la empresa —quizás en formato de “bonus” anual—; tener la capacidad de garantizar espacios y ambientes sanos, no tóxicos; premiar menos al mediocre, al margen de cuál sea su categoría; bonificaciones salariales con base en objetivos individuales; y un largo etcétera de acciones varias y consensuadas entre empleados y directivas o directivas y empleados que pueden mejorar, sin lugar a dudas, los resultados generales, la motivación por ambas partes de querer seguir creciendo juntos y todo sin la ayuda de un vende humos que te diga lo que tienes que hacer. Tan simple como bajar más a menudo a la tierra, pero sin cámaras.

 

Víctor Rocha López es Corporate Chef F&B Culinary trainer. Autor del libro 'El humo que todo lo quema'.