Cada vez es más frecuente que turistas que pasan cortas estancias en Barcelona opten por hacer noche en la playa de la ciudad, convertida en improvisado dormitorio al aire libre. Ya bien entrada la oscuridad sobre la capital catalana, la arena aparece alfombrada de visitantes que se disponen a conciliar el sueño con la bóveda de estrellas como techo. Los elevados precios de los hoteles y apartamentos turísticos, especialmente en la temporada alta veraniega, han terminado por disuadir a estas personas de intentar dormir a cubierto. Una habitación puede costar tranquilamente 150 euros por noche, calcula uno de estos turistas que duermen al raso.

Sobre la una de la madrugada comienza la llegada de quienes pernoctarán en la playa. Donde antes hubo toallas, ahora hay colchones con mochilas que hacen de almohada. Durante unas horas, los visitantes que han optado por la playa para su descanso compartirán el alojamiento a cielo abierto con personas sin hogar que duermen habitualmente en la zona. A medida que avanza la noche, la playa está más y más sembrada de bolsas con comida y grupos de personas procedentes de geografías tan dispares como Suiza, Londres, Francia o Países Bajos. Algunos se estrenan durmiendo en la playa; otros son reincidentes y ya han incorporado esta rutina a sus vacaciones, describe El Periódico.

Los hay de todas las edades, desde jóvenes mochileros hasta sexagenarios. Pero no solo los precios de los alojamientos han convertido la playa en una arenada casa de huéspedes. El cambio climático también tiene su responsabilidad, pues algunos de los que pernoctan en la costa tienen domicilio en la capital catalana, pero han acabado por dormir cerca del mar porque el calor les impide descansar en casa. Unos y otros quieren pasar desapercibidos. No solo porque dormir en la playa puede comportar sanciones de hasta 600 euros, sino por la inseguridad,, el miedo a despertarse y descubrir que alguna de las preciadas pertenencias se ha esfumado.

Por eso, entre los grupos se establecen turnos de guardia, improvisados centinelas que por unas horas custodian los haberes de los que duermen tranquilos. Los grupos son en su mayoría de jóvenes. Algunos vienen a apurar unos frenéticos días de fiesta en Barcelona y lo tienen claro: si hay que elegir entre pagar la entrada al local o la consumición y el alojamiento, se opta por lo primero. Y el precio de un combinado, en según qué zonas y locales barceloneses, bien puede acercarse a los 20 euros. Pues, a dormir a la playa.

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