Desde que el turismo tradicional de elites se transformó en turismo de masas en los países económicamente más desarrollados cada pocos años han tenido lugar diversas crisis: las del petróleo en los años 70, con su consiguiente inflación y difícil situación económica, que se extiende hasta mediados de los años 80… El terrorismo de ETA en España con bombas en destinos turísticos, el terrorismo internacional con el secuestro de aviones y de un crucero, la guerra de Yugoslavia, los ataques del 11S en Estados Unidos y los del 11M en Madrid. También, la crisis financiera e inmobiliaria a partir de 2007, el brexit, y la peor de todas, la motivada por el Covid-19 ampliada por la invasión rusa de Ucrania, que aún no ha terminado sobre todo en China.

En todos los casos, tanto los analistas nacionales como las organizaciones internacionales, hicieron sus evaluaciones sobre la recuperación de turismo. De todas formas, la realidad ha ido más deprisa y la recuperación ha tenido lugar antes de lo previsto.

Ahora estamos saliendo de la peor situación en la historia del turismo. Casi dos años encerrados o con serias limitaciones al viaje, que en China seguían vigentes hasta hace poco y que al levantarse han empeorado la situación. Los expertos, ya vacunados contra el virus del pesimismo, vaticinaban una recuperación más rápida que en anteriores ocasiones. En el caso de España en este año 2022 deberíamos haber recuperado un 80% de la actividad del 2019. De nuevo parece que las previsiones se han quedado cortas, incluso a pesar de los tremendos efectos negativos en el precio, el transporte de la guerra en Ucrania y de la falta de personal cualificado.

Foto: Pixabay

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Desde un punto de vista objetivo, la situación no puede ser más desalentadora. El mercado chino ha abierto las puertas que los países receptores están cerrando, el ruso no puede venir, nuestros principales clientes alemanes y británicos están entrando en recesión. En Gran Bretaña las huelgas se multiplican. Las clases medias europeas, ven que su renta disponible —que es el factor que más influye en la decisión de viaje— disminuye por la alta inflación que es más aguda en el caso de los billetes de avión.

Es difícil encontrar algún factor positivo para analizar las expectativas de las temporadas inmediatas.

Sin embargo, en esta ocasión los analistas son más optimistas que en las anteriores. La WTTC-World Travel and Tourism Council, el lobby de las grandes empresas hoteleras y de aviación, ya nos augura la recuperación total en 2023. Y, a partir de ahí, un crecimiento del turismo al doble de velocidad que el de la economía mundial. Las compañías de leasing, propietarias de más de la mitad de la flota comercial mundial, han subido sus precios entre un 15 y un 20% —hay que pagar en dólares, que, para los europeos, son un 20% más caros que el año pasado— confiando en la expansión del mercado, hasta el punto de que faltan aviones de última generación para atender a la demanda. Las compañías aéreas solicitan más derechos de aterrizaje que nunca; han aumentado sus pedidos a los fabricantes. United ha hecho el mayor pedido de la historia de una empresa americana al comprar a Boeing 100 aparatos 787 con opción a otros 100. IATA asegura que este año las empresas afiliadas van a ganar más de 5.000 millones de euros tras unas pérdidas acumuladas de 170.000 millones

En el sector de alojamiento, Airbnb ha obtenido unos beneficios históricos tras volver al mercado la mayor parte de las viviendas turísticas que se habían refugiado la oferta tradicional del alquiler.

La compraventa de hoteles está en máximos históricos. Cuanto más caro, mejor se vende.

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Tanto las empresas de alojamiento como las de aviación están limitadas también por las dificultades para cubrir las vacantes al negarse muchos empleados a regresar a puestos de trabajo con horarios imposibles y salarios inferiores a los de otras actividades menos exigentes.

Las reservas para los próximos meses parecen confirmar estas tendencias positivas. ¿Cómo es posible que con menos dinero, productos más caros y dificultades de todo tipo los ciudadanos sigan decididos a no prescindir de sus vacaciones?

A los americanos el dólar alto los anima a venir a Europa y a realizar cruceros por el mediterráneo, pero en el caso del turismo de vecindad, del que dependemos, no hay ninguna razón objetiva que explique esta situación de crecimiento. Por lo tanto, habrá que acudir a las razones subjetivas.

En primer lugar, el efecto champán, es decir, la demanda contenida: vamos a viajar ahora, ya que no pudimos hacerlo en los últimos dos años. Esta demanda contenida puede ser satisfecha gracias al ahorro embolsado. La mezcla de deseo no satisfecho y dinero para hacerlo explica el actual boom, pero tanto el deseo aplazado como el ahorro se gastan, se están gastando.

Ahora nos enfrentamos al futuro sin esos dos componentes. Y, sin embargo, parece que la demanda se mantiene. ¿Por qué?

Las clases media europeas ya no pueden tirar de ahorro para sus próximas vacaciones, por lo que las vacaciones tienen que competir con otros productos por los recursos escasos. En el caso de los jubilados no hay problema. Su capacidad de compra se mantiene intacta —las pensiones suben al ritmo de la inflación— y las vacaciones son, han sido y serán una prioridad. Para las familias, el encarecimiento de las hipotecas significa que tendrían que renunciar a las vacaciones para hacerlas frente. Muchos han decidido retrasar la decisión de compra y no prescindir de las vacaciones en el caso de los que pensaban comprar. Tanto en USA como en los grandes países europeos, la mayor parte de las hipotecas son a tipo fijo, por lo que a los que más puede afectar es a los que van a financiar una casa nueva o refinanciar una anterior. Otra decisión que pueden retrasar es la de la compra de bienes de capital como automóviles, más caros y que tardan en estar disponibles. La gente aguanta uno o dos años más sin cambiar el vehículo.

En el caso de los jóvenes, el automóvil ya no tiene el estatus que tenía. 

El miedo al futuro y la alegría de haber superado la pandemia incitan al consumo alegre y nada hay más divertido que unas buenas vacaciones.

 

*Ignacio Vasallo es director de Relaciones Internacionales de la Federación de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET).