El pasado sábado, 16 de septiembre, el vuelo IB3848 realizó la ruta programada entre Madrid y la isla de Gran Canaria. Un flamante Airbus A321-271NX que contaba en las salidas de emergencia con asientos con más espacio para las piernas, conocidos como Turista XL.

Los pasajeros ubicados en estas filas, entre los que se encontraba un empleado de la aerolínea fuera de servicio e incluso la exconsejera del Gobierno de Canarias, Noemí Santana, fueron previamente avisados sobre los condicionantes que, por razones de seguridad, se imponen para poder ocupar estos asientos. Tal y como señala la propia Iberia en su web, se debe ser mayor de 15 años, no tener dificultades motrices, entender las instrucciones relativas a la seguridad (tanto escritas como orales, en español o en inglés), disponer de fuerza suficiente para accionar la puerta de salida de emergencia y estar dispuesto a ayudar si la situación lo requiriese.

Debido a dicha exigencias, quedan excluidas las personas que tienen dificultades para moverse rápidamente, ya sea a causa de su estatura, complexión, edad, enfermedad o un avanzado estado de gestación; a que viajan con otras personas o animales a su cargo, a los que tienen que asistir en caso de emergencia; o a que estén tomando algún tipo de medicación que les condicione.
 

Vista del embarque en el vuelo. Foto Tourinews

Vista del embarque en el vuelo. Foto Tourinews


En el caso del vuelo IB3848, se confirmó que todos eran aptos para ocupar los asientos y, por tanto, fueron instruidos por la tripulación sobre cómo actuar en caso de emergencia. No obstante, durante toda esa fase, varias butacas, situados en las filas 18 y 19, habían permanecido vacías y solo fueron ocupadas, una vez la aeronave despegó, por dos pasajeras que optaron por cambiar sus estrechos asientos en las filas posteriores por estos, mucho más generosos en el espacio para las piernas.

Estas viajeras, que llegaron una vez ya se había despachado todo el protocolo relativo a la seguridad sin haber sido aleccionadas, optaron por hacer aún más cómodo su vuelo y solicitaron a las auxiliares bebidas alcohólicas, llegando a consumir tres 3 gin-tonics cada una. Entre risas y buen humor transcurrieron las 2 horas y 50 minutos de vuelo que, finalmente, tomó tierra en el Aeropuerto de Gran Canaria …. Eso sí, con ambas señoras ocupando los asientos de emergencia, sin conocer sus condicionantes, sin instrucciones por parte de la tripulación, sin haber leído las directrices en caso de emergencia y con un alto grado de alcohol en el cuerpo.

En caso de aterrizaje de emergencia, ¿hubiesen estado estas dos personas cualificadas para ayudar si la situación lo hubiese requerido? ¿Por qué la tripulación —que a lo largo del viaje ofreció un trato fantástico, amable e impecable— permitió que esto ocurriera? Con la gran cantidad de condicionantes que se imponen, ¿por qué se sirve alcohol a los viajeros que ocupan un asiento de tanta importancia para la seguridad de todo el pasaje de la aeronave?