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Estados Unidos lleva años sufriendo una escasez de controladores aéreos y, para solventarla, la Administración Federal de Aviación (FAA) y el Departamento de Transportes han decidido reclutar a los fanáticos de los videojuegos.
A partir del próximo 17 de abril, la agencia abrirá un proceso de selección diseñado para atraer a una nueva generación de controladores de tráfico aéreo. La meta es clara: cubrir el déficit de una plantilla que hoy cuenta con 11.000 profesionales en activo, pero que requiere miles más para operar de forma segura y eficiente.
El "Level Up" de la aviación moderna
Bajo el lema de "level up your career” (un juego de palabras entre mejorar y subir de nivel), la campaña busca conectar con el 65% de estadounidenses que juegan regularmente. Según el secretario de Transporte, Sean Duffy, las habilidades cognitivas que se desarrollan frente a una pantalla —como el pensamiento rápido, la gestión de procesos complejos y la concentración bajo presión— son idénticas a las necesarias en una torre de control.
"Para llegar a la próxima generación, necesitamos adaptarnos", afirmó Duffy. "Este enfoque conecta con jóvenes adultos que poseen las habilidades técnicas para ser controladores exitosos".
Para atraer a estos gamers, la FAA ofrece capacitación remunerada y beneficios gubernamentales, un ingreso anual promedio que supera los 155.000 dólares tras tres años de servicio.
Para agilizar la incorporación de nuevos talentos, la administración ha simplificado los trámites, reduciendo en cinco meses el tiempo necesario para completar la formación. Sin embargo, inciden en que se mantendrán rigurosas pruebas de aptitud, exámenes médicos y autorizaciones de seguridad. “La seguridad es la máxima prioridad de la FAA, y eso comienza con la contratación de los mejores profesionales y su equipamiento con herramientas de vanguardia”, sentenció Bryan Bedford, administrador de la FAA.
La urgencia de esta convocatoria no es casual. Un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental reveló que el número de controladores ha disminuido un 6% en la última década, una situación agravada por la pandemia de COVID-19 y los cierres gubernamentales.




