El Gobierno de Estados Unidos ha comenzado a desplegar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en aeropuertos para apoyar a los controles de seguridad ante el creciente colapso operativo derivado del cierre del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La medida busca aliviar las largas colas y retrasos registrados en algunas de las principales terminales del país.

El refuerzo llega en un contexto de fuerte escasez de personal en la Administración de Seguridad del Transporte (TSA), cuyos trabajadores acumulan semanas sin cobrar. Esta situación ha provocado un aumento de las ausencias y dimisiones, con aeropuertos como Atlanta, Nueva York o Filadelfia registrando esperas de varias horas en los controles.

Según Travel Weekly, los agentes del ICE no participarán directamente en las inspecciones de seguridad, sino que asumirán tareas como la gestión de colas o el control de accesos, permitiendo que los agentes de la TSA se concentren en los filtros. El despliegue ya se ha detectado en aeropuertos como Atlanta, Chicago O’Hare o Newark.

Rechazo a la medida
 

La decisión ha generado un fuerte rechazo entre sindicatos y asociaciones del sector turístico, que advierten de que el personal del ICE no cuenta con la formación necesaria en seguridad aérea. Además, denuncian que la medida no soluciona el problema de fondo: la falta de financiación y el impago a miles de trabajadores federales.

El conflicto político entre demócratas y republicanos por la financiación del DHS sigue sin resolverse, mientras la industria aérea alerta del impacto directo en la experiencia del viajero, con colas de hasta cuatro horas y un aumento de la frustración en plena temporada de desplazamientos.

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