Cuando un turista, habitualmente guiado por la embriaguez, decide tirarse desde el balcón del alojamiento en el que está pasando sus vacaciones raramente piensa en su integridad física y mucho menos en los costes que su conducta temeraria supone para el destino turístico. El Servicio de Salud de Islas Baleares facturó a los turistas 21,8 millones de euros durante 2015 en concepto de ‘balconing’. En concreto, el Hospital de Son Espases, en Mallorca, gastó 1,5 millones, siendo la media de unos 32.000 euros por precipitado. Según el registro de este centro sanitario, han atendido a 47 pacientes en los últimos cinco años a consecuencia de esta práctica asociada al turismo de borrachera. A ellos es necesario añadir la decena de muertes producidas en el último lustro. Entre los gastos contabilizados se encuentran los médicos, cirujanos, intensivistas, anestesistas, radiólogos y personal de enfermería que moviliza, unido a las exploraciones con radiografías, ecografías y TAC para detectar las posibles lesiones y la estancia en el hospital. El actual sistema de cobro, sin embargo, hace que la recaudación se reduzca prácticamente a la mitad y tarde dos años en llegar a las arcas baleares.