Me encanta aprender idiomas, y creo que se me dan bien, pero en ocasiones esa confianza me lleva a cometer errores que, por suerte, no han acabado en agresiones hacia mí. Os adelanto la paradoja: si no estáis seguros de cómo se dice algo, no lo digáis, o preguntad antes, porque podéis acabar con un ojo morado. Por suerte, no llegué a ese extremo, pero me falto poco...

Os cuento:

Aeropuerto de Oslo, antes de coger un avión hacia Estocolmo me dirijo hacia un establecimiento de cambio de divisa para cambiar euros por coronas suecas. No tenía ni idea de cómo se decía "corona sueca" en sueco, pero vi en un cartel que esta moneda se representaba por las siglas "SEK". Con esa referencia le pregunté a la dependienta en inglés oxidado, sin ningún tipo de rubor: "Excuse me, can you please change me this 300 euros for SEKs?". Traducción literal que, evidentemente, entendió la pobre chica: "Perdona, ¿puedes cambiarme estos 300 euros por sexo?".

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Su reacción fue inmediata: "Ahm... what did you just say?". Y yo: "Euh... I want to change euros for SEKs... where's the problem?". Un compañero suyo se unió, mirándome con una furia que no había visto antes: "Are you sure you want to do that here?". Yo no entendía nada, hasta que una compañera se dio cuenta, cogió mi dinero y con cuatro palabras de noruego básico lo resolvió todo.

Salimos del establecimiento, yo sin entender nada y todavía con la mirada de la chica y de su compañero en el cogote, quemándome, sin saber a qué venía ese odio repentino. Mi compañera me explicó el asunto de que "SEKs" no es válido para el plural de coronas suecas y que, literalmente, le había propuesto a la dependienta tener sexo a cambio de dinero. Vamos, una carta de presentación estupenda para llegar a Suecia de la mejor forma posible. Jamás podré olvidar la cara de desconcierto de aquella sueca.