La industria hotelera se encuentra en una encrucijada. Una especie de revolución silenciosa que ha cambiado el paradigma de la compra-venta de manera fundamental.

Si hace un lustro alguien me hubiera dicho que el mercado hotelero se transformaría de tal manera que la venta de propiedades se convertiría casi en un arte secundario frente a la estrategia de compra, probablemente habría cuestionado su perspectiva. Pero la realidad es que nos encontramos en un punto de inflexión donde la capacidad de adquirir no solo se ha vuelto más valiosa que nunca, sino que también requiere de una visión y ejecución excepcionales para realmente capitalizar en este nuevo escenario.

En esta nueva realidad, los actores principales, desde los grandes fondos de inversión hasta los hoteleros más experimentados, están inundados de capital. No es solo que los hoteles estén operando; es que están prosperando, y con ellos, el valor de las propiedades hoteleras ha escalado a límites que nadie esperaba. La idea de encontrar "gangas" en este mercado se ha vuelto una fantasía casi tan distante como la de esperar que la tecnología retroceda a una era más simple.

Sin embargo, este panorama no significa que las oportunidades de crecimiento y expansión hayan desaparecido. Por el contrario, siguen abundando, pero su naturaleza ha cambiado. Para mí, el éxito ahora se basa en una combinación de tres elementos: un producto diferenciado, un diseño excepcional y una gestión impecable.

Hace no mucho, tuve la oportunidad de liderar un proyecto de renovación para un fondo de inversión. El objetivo era transformar un hotel ya en funcionamiento en un establecimiento que no solo mantuviera su relevancia en el mercado actual, sino que también estableciera nuevos estándares en términos de diseño, sostenibilidad y experiencia del huésped. La tarea no era menor: requería una inversión significativa no solo en términos financieros, sino también en creatividad, innovación y visión a largo plazo.

Hotel Rural Cotas Altas

Hotel Rural Cotas Altas

El cambio fue un proceso intenso que implicó un análisis profundo previo y una reevaluación completa de cómo se brindaban los servicios desde una perspectiva del diseño y la experiencia del usuario. El diseño tomó inspiración de elementos naturales y rústicos, fusionándolos con tendencias de diseño actuales para crear espacios que hablaran tanto a los viajeros internacionales como al mercado local.

Este proyecto subraya un punto crucial: en el mercado actual, la diferencia entre un retorno de inversión satisfactorio y uno excepcional radica en la capacidad para ofrecer algo genuinamente único. No basta con operar bien, es necesario innovar constantemente, no solo en el producto físico, sino en contar tu historia y crear un hilo conductor que tenga sentido y se plasme en cada aspecto de la experiencia del huésped.

En este contexto, el acto de comprar se convierte en una cuestión de estrategia más que de oportunidad. Con los precios de adquisición en alza, el retorno de la inversión se convierte en una función de la capacidad para agregar valor de manera significativa. Esto significa que los compradores deben ser más astutos, evaluando potenciales adquisiciones no solo por lo que son, sino por lo que podrían llegar a ser bajo una gestión visionaria y una inversión inteligente.

La lección aquí parece clara: Ahora, donde “nadie necesita vender” y es evidente que “a nadie le urge”, la clave para conseguir triunfar ya no se encuentra en la búsqueda de la próxima ganga, sino en la capacidad para transformar activos existentes (o nuevos) en experiencias que hagan vibrar muy fuerte a los huéspedes. La industria hotelera se está moviendo más allá de la simple transacción; se ha convertido en un escenario donde la visión, la creatividad y la excelencia en la ejecución y puesta en escena son los verdaderos motores de valor.

Con esto en mente, y siempre mirando hacia las campañas del futuro, es crucial recordar que nuestro sector se encuentra en una época de abundancia. Pero esta abundancia no se traduce necesariamente en facilidad de éxito. Al contrario, nos desafía a ser más innovadores, más atentos a las necesidades y deseos de nuestros clientes, y más comprometidos con la excelencia en cada aspecto de nuestra operación. En última instancia, aquellos que logren dominar estos enfoques serán los que lideren el camino en la próxima era, definiendo no solo el éxito financiero, sino también el impacto cultural y social de nuestros espacios.

 

*Sergio Pérez Llompart es especialista en proyectos hoteleros