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El sector del taxi de Ibiza afronta la temporada alta con preocupación ante la ausencia de asistentes o controladores de parada en algunos de los puntos de mayor afluencia de la isla. La desaparición de este servicio, clave para ordenar las colas y gestionar la carga de pasajeros, amenaza con generar problemas operativos en pleno verano, cuando la presión turística alcanza su máximo.
Hasta el año pasado, estos asistentes —encargados de organizar las filas, asignar turnos y coordinar la disponibilidad de vehículos— operaban en enclaves estratégicos como refuerzo del servicio. Su labor también contribuía a evitar conflictos entre conductores y garantizar el cumplimiento de la normativa, especialmente en momentos de alta demanda.
Según La Voz de Ibiza, la Federación Insular del Taxi de Ibiza (FITIE) ha decidido no renovar este servicio en 2026, tras años asumiendo un coste aproximado de 120.000 euros anuales. Aunque desde la federación no han detallado los motivos concretos, el sector apunta tanto a cuestiones económicas como a conflictos derivados de supuestas irregularidades laborales detectadas el año pasado.
La falta de una solución insular obliga ahora a cada municipio a buscar alternativas. En Vila, la asociación de taxistas estudia contratar por su cuenta a estos asistentes para las paradas más saturadas, aunque advierte de las dificultades para sostener el servicio de forma individual, especialmente si otros taxistas de la isla se benefician sin contribuir a su financiación.
El aeropuerto de Ibiza se perfila como uno de los puntos más sensibles. Desde el sector reclaman que organismos como AENA o las administraciones públicas asuman este tipo de servicios, tal y como ocurre en otros destinos, para garantizar el orden y la calidad del servicio en un enclave clave para la llegada de turistas.
A pocas semanas del inicio de la temporada alta, la falta de definiciones sobre quién asumirá esta función mantiene la incertidumbre en el sector, que teme un verano marcado por colas desorganizadas, tensiones operativas y un deterioro de la experiencia del visitante en uno de los destinos turísticos más demandados del Mediterráneo.



