Últimamente, algunos medios como la BBC o RTVE han proclamado el fin del desayuno bufé en los hoteles, pero no debería serlo, ya que sigue siendo uno de los servicios más esperados por el cliente. Más que hablar del fin del desayuno bufé, habría que hablar de su transformación.

Durante un tiempo, este formato fue seriamente cuestionado: la pandemia, el aumento de costes, el desperdicio alimentario y las nuevas normativas de higiene llevaron a pensar que el bufé “tal y como lo conocíamos” podía desaparecer. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario: continúa siendo uno de los elementos más valorados, especialmente en hoteles y entornos vacacionales.

Desde mi experiencia como director de Food & Beverage y formador en estrategia e imagen de F&B, habiendo visitado cientos de hoteles y trabajado con diferentes equipos, lo que está ocurriendo es lo siguiente:

  • El bufé no desaparece, se reinventa: menos autoservicio puro y más estaciones atendidas, raciones más ajustadas y una reposición más frecuente.
  • Mayor foco en la sostenibilidad: reducción del exceso, apuesta por productos locales y una oferta más corta, pero de mayor calidad.
  • Mejores estándares de higiene, sin perder la sensación de libertad y elección que el cliente espera.
  • La experiencia prima sobre la cantidad: el bufé deja de ser “mucho” para convertirse en “bien elegido”.
  • Una correcta imagen, presentación y posicionamiento del producto permiten, además, reducir costes sin perder valor percibido.

El desayuno bufé funciona porque responde a una necesidad muy básica del cliente: elegir, probar y comenzar el día sin límites. Eliminarlo supondría ir en contra de una expectativa claramente consolidada.

Por tanto, no estamos ante el fin del desayuno bufé, sino ante el fin del bufé descuidado y el inicio de un modelo más inteligente, eficiente y alineado con las nuevas demandas del mercado.

 

*Antonio Jesús Leiva Martín es profesional en F&B Corporativo y formador de estrategia de buffet e imagen.