Lo que para unos es la mejor fiesta, para otros es un atentado ecológico. La playa de s'Arenal, en el municipio ibicenco de Sant Antoni, sufre los excesos fiesteros del hotel-discoteca O Beach, situado a pocos metros del mar, que remata sus veladas lúdicas con confeti, serpentinas y purpurina, entre otros aditamentos. Grupos ecologistas han decidido denunciar al establecimiento ante el ayuntamiento, al considerar que estos materiales que se lanzan desde potentes cañones durante las fiestas acaban dispersos en esa zona del Mediterráneo.

Aunque los ecologistas aún no han recibido respuesta institucional, la asociación Salvem sa Badia, colectivo que lucha por mantener la biodiversidad de la zona, acusa sin ambages a O Beach de greenwashing o ecopostureo, actitud que consiste en proyectar una imagen de sostenibilidad sin que las acciones reales respalden sus afirmaciones. El colectivo tiene claro que el discurso ambiental del negocio choca frontalmente con el negativo impacto ecológico de sus eventos.

O Beach se creó en 2012, al amparo de la modificación de la ley turística que permite actividades complementarias en los hoteles, como fiestas y espectáculos. El dueño también lo era de un bar deportivo que ha tenido que clausurar, verdadero referente del turismo hooligan del que Sant Antoni ha sido emblema durante décadas y que se ha acabado convirtiendo en un sambenito que lastra su imagen como destino.

La parte de complejo hotelero alberga un total de 146 plazas turísticas, pero en la práctica funciona además como una discoteca al aire libre con todo tipo de performances, incluidos shows con trapecistas. Las entradas a los eventos, que se benefician de una difusa hora de cierre, pueden alcanzar los 1.850 euros. Las pool parties de O Beach son todo un acto de sofisticación. “No inventamos las fiestas en la piscina, simplemente las perfeccionamos”, reza el lema publicitario del local ahora denunciado por los ecologistas.