Ni los intentos por parte del Govern y el sector hotelero, ni la pandemia han acabado con el turismo de borrachera en uno de los destinos predilectos para ello: Magaluf (Mallorca). Durante la madrugada del pasado domingo, la fiesta acabó con cargas policiales por parte de los antidisturbios de la Guardia Civil y de la Policía Local de Calvià para tratar de disuadir los botellones en la playa.

Según recoge La Vanguardia, cerca de 500 turistas, la mayoría procedentes de Reino Unido y Francia, se concentraron en la playa para hacer botellón. La Policía Local de Calvià trató de desalojar y cerrar la playa, pero los jóvenes hacían caso omiso, por lo que los agentes decidieron solicitar el apoyo al puesto de la Guardia Civil.


 

Al ver que los botellones no se disuadían ante la presencia policial, los agentes vieron necesaria la realización de varias cargas policiales para dispersarlos. Además de incumplir las restricciones establecidas por el Govern —las reuniones entre no convivientes están prohibidas entre la 1 y las 6 de la madrugada—, los jóvenes estaban provocando daños materiales a vehículos y al mobiliario urbano de la zona.

Desde la Policía Local han informado que el dispositivo acabó a las 3:15 de la madrugada, hora hasta la que patrullaron varios coches con el objetivo de prevenir nuevas aglomeraciones y venta ilegal de alcohol en comercios.