Algunos de los 38 fallecidos del último atentado de Túnez, que tuvo lugar cerca de la playa de Susa el pasado junio de 2015, podrían haberse salvado si las autoridades locales hubieran actuado con mayor rapidez y eficacia.

Eso es lo que se desprende de la investigación llevada a cabo por la corte real de Justicia del país tunecino, en donde se afirma que las autoridades locales que atendieron a las víctimas del atentado, reivindicado por el Estado Islámico en dos hoteles de la turística playa, “ralentizaron deliberadamente su llegada al lugar de los hechos”. Una triste noticia para un país cuyo producto interior bruto depende casi en su totalidad del turismo y que aún no se ha repuesto del terror yihadista del que ha sido víctima en los últimos tiempos.