El auge del cicloturismo en Mallorca empieza a generar sensaciones de saturación incluso entre los propios aficionados al ciclismo. Las carreteras más populares de la Serra de Tramuntana registran cada primavera escenas de masificación: grandes grupos circulando a baja velocidad y puntos de descanso completamente desbordados, en un fenómeno que algunos comparan ya con una estación de esquí en plena temporada alta.

Las críticas no llegan únicamente de conductores o vecinos, sino también de ciclistas habituales que consideran que el crecimiento del sector está afectando a la experiencia en la isla. “Las rutas clásicas están irremediablemente saturadas”, lamenta una influencer ciclista, mientras que el exprofesional Marcel Wüst afirma que “tres o cuatro ovejas negras” bastan para perjudicar la imagen del colectivo. "Nos llaman la plaga", se queja.

Según publica Diario de Mallorca, las redes sociales acumulan vídeos y quejas relacionadas con comportamientos incívicos, adelantamientos peligrosos, residuos abandonados en carretera o la ocupación masiva de plazas y calles en algunos pueblos de la Tramuntana. El crecimiento del ciclismo tras la pandemia ha disparado además la llegada de principiantes y de turistas que buscan recorrer rutas icónicas como Sa Calobra o Cap de Formentor.

Pese a ello, el sector turístico vinculado al ciclismo sigue defendiendo el impacto económico de esta actividad y descarta hablar de rechazo generalizado. Empresarios y guías especializados sostienen que Mallorca mantiene una infraestructura “ideal” para este mercado y recuerdan que todavía existen rutas menos transitadas fuera de los grandes puntos turísticos. “Mallorca nunca dejará de ser un destino ciclista. La isla es claramente la número uno”, concluye Wüst.