En la práctica totalidad de las compañías aéreas se prohíbe subir videos a las redes sociales vistiendo el uniforme y es comprensible. De hecho, hay cursos online donde se prohíbe específicamente y se explican en detalle los motivos.

El uniforme es para trabajar, no para acumular likes. Hay demasiados tripulantes de cabina haciendo videos y hasta directos con el ID card colgando del cuello y diciendo poco menos que estupideces. No es tan difícil de entender, ¿no?

Dicho esto, y siendo objeto del algoritmo inevitable de la aviación, no entiendo por qué cada día hay más TCP —el reglamento de pilotos lo desconozco, pero también hay cada uno que...— que nos enseñan, en un vano intento de generar envidia, cómo se visten para ir a volar, cómo llegan al hotel y cómo desayunan aguacate con matcha antes de ir al gimnasio y luego darse un paseo por el destino de turno.

Todos exactamente iguales, sin personalidad y sin representar en absoluto lo que de verdad hace un TCP de línea, que suele ser encerrarse en la habitación, dormir, bajar a comprar algo al supermercado y esperar a la recogida para hacer el vuelo de vuelta. Las nóminas no dan para más.

Las compañías aéreas no parece que estén haciendo mucho para atajar esta imagen absurda e infantil de una profesión ya en clara decadencia. En otros tiempos nos lo pasábamos mucho mejor.

 

*Iván Torregrosa Pihlman es profesional de la aviación