¿Por qué antes no teníamos fatiga? Sí, ese término que tantas ampollas está levantando en la aviación, que tantos departamentos quieren paliar y tantos tripulantes denuncian. Y con razón.

En los 80/90 era muy común volar 140/150 BH (horas bloque) y, aun así, el cansancio y la manida fatiga no estaban tan presentes entre las tripulaciones. Volábamos más horas y trabajábamos muchísimo más en los aviones; sin embargo, no había ese déficit de descanso como lo hay hoy. Sí, cierto es que tras un LPA - HEL - JOE - LPA llegabas muy cansado a casa, pero tras un buen sueño reparador, sin melatoninas, aguacates de desayuno, cereales supercrunchy ni panes integrales, despertabas al día siguiente tan satisfecho y descansado.

La pregunta entonces es: ¿Qué es lo que hay de más o de menos hoy para que, volando menos horas mensuales, la fatiga aeronáutica sea un término tan conocido?
PRISA. PRISA. PRISA.

Ese y no otro es el factor que ha venido a enriquecer la ya complicada ecuación de los horarios de las tripulaciones. La omnipresente, inevitable, estresante y diaria prisa por realizar las rotaciones de cada día. Antes no teníamos tanta prisa. En las escalas bajábamos a tomar un café a la terminal y de sobra es cierto que ese café relajado y relajante es capaz de sustituir a muchos de los procedimientos de seguridad de los manuales actuales.

La prisa es la pandemia asesina de la aviación actual.

NO hay tiempo para nada que no sea volar, desembarcar y embarcar de nuevo. Prisa, cansancio y fatiga. Un trinomio inseparable que no tiene más solución que ir pensando en que todos nos calmemos un poco porque a la tuerca le quedan muy poquitas vueltas que darle.

 

*Iván Torregrosa Pihlman es profesional de la aviación