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Ibiza y Formentera afrontan el verano de 2026 con señales contradictorias. Las Pitiusas recibieron en junio 560.121 turistas, un 5% menos que el año anterior, con un descenso especialmente acusado entre los visitantes extranjeros, que se situaron en 431.677, un 5,3% menos. La caída afecta de forma destacada a dos mercados tradicionales de la isla: Francia, con un descenso del 20,6%, e Italia, con un 14,6% menos.
Los datos contrastan con el comportamiento de otros mercados, como Países Bajos, cuyos visitantes aumentaron cerca de un 10%, mientras que Reino Unido se mantuvo prácticamente estable y Alemania retrocedió un 3,4%. También descendió el turismo nacional, un 2,9%. La evolución ha generado cierta preocupación en el sector, aunque los responsables insulares piden cautela al tratarse de datos correspondientes únicamente a junio y a las primeras semanas de la temporada alta.
Sin embargo, el gasto turístico continúa creciendo. En junio alcanzó los 690 millones de euros en las Pitiusas, un 5,9% más, mientras que el gasto por persona aumentó un 11,2%, hasta los 1.232 euros. También se incrementó un 7,7% el gasto diario, hasta 249,51 euros. Este comportamiento apunta a una posible evolución hacia un modelo con menos visitantes pero mayor desembolso por turista, aunque el hecho de que el gasto aumente sin que lo haga la ocupación genera interrogantes sobre la sostenibilidad de esta tendencia.
El director insular de Turismo, Juan Miguel Costa, ha señalado que la primera mitad de julio presentó un comportamiento similar al de 2025, aunque la segunda parte del mes se ha mostrado más débil. A su juicio, la situación puede estar relacionada con las dificultades económicas de algunos mercados emisores y con el aumento de los precios de los alojamientos y los vuelos. Por su parte, el delegado de CAEB en las Pitiusas, José Antonio Roselló, interpreta los datos de junio como una "contención" más que como un decrecimiento, aunque reconoce que la reducción de la estancia media, situada en torno a cuatro días, constituye otro elemento de preocupación.
El escenario, por tanto, sigue abierto a pocas semanas de conocer el comportamiento de los meses decisivos de julio y agosto. La posibilidad de que Ibiza avance hacia un turismo de mayor valor y menor volumen podría contribuir a reducir la presión sobre la isla, pero también existe el riesgo de que el encarecimiento de la oferta termine expulsando a determinados mercados tradicionales hacia destinos más asequibles. El reto para el sector será encontrar ese delicado equilibrio entre ingresos, precios y volumen de visitantes.
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