La restauración de Mallorca prevé una caída de entre el 12% y el 14% de la facturación este agosto respecto al año pasado, pese al elevado volumen de turistas, y calcula que cerrará el año con un descenso de entre el 6% y el 8%. El presidente de CAEB Restauración Mallorca, Juan Miguel Ferrer, advierte de que el aumento de visitantes no se está traduciendo en un mayor consumo y reclama una reflexión a largo plazo sobre el modelo turístico de la Isla.

"Con más turistas estamos facturando menos y eso debería hacer saltar todas las alarmas", señala Ferrer en una entrevista con Última Hora. El empresario atribuye parte de esta evolución al incremento del precio de los vuelos y del alojamiento, que absorben una proporción cada vez mayor del presupuesto de los visitantes. Según explica, mientras antes el turista destinaba aproximadamente entre un 30% y un 40% de su presupuesto al transporte y el hotel, ahora puede llegar a Mallorca con hasta un 70% del gasto ya realizado, dejando menos margen para la restauración, las compras o la cultura.

El presidente de CAEB Restauración subraya además el impacto del aumento de los costes laborales, las materias primas, la energía y los alquileres. Esta situación, sostiene, dificulta mantener precios competitivos y explica que productos tradicionales como el menú del día hayan perdido atractivo. A su juicio, un menú que hace unos años costaba 17 euros debería situarse actualmente en torno a los 30 o 35 euros para mantener una rentabilidad similar, algo que puede alejar al consumidor.

Ferrer considera que los datos deberían abrir también un debate sobre qué modelo turístico quiere Mallorca para las próximas décadas, especialmente en cuestiones como la movilidad y la vivienda. Defiende que el objetivo no tiene por qué ser atraer más visitantes, sino turistas con mayor capacidad de gasto, y pone como ejemplo la transformación de Playa de Palma hacia una oferta de mayor calidad. "No quiero necesariamente más clientes: prefiero menos y mejores", afirma.

El responsable de CAEB Restauración reclama, en definitiva, medir el éxito turístico más allá del número de visitantes, teniendo en cuenta cuánto gasto permanece realmente en la economía local. Ferrer también alerta de la falta de relevo generacional en numerosos negocios de restauración y de que esta situación pueda favorecer una mayor entrada de inversores extranjeros. A su juicio, Mallorca necesita "una visión política a veinte o treinta años" para abordar conjuntamente turismo, movilidad, vivienda y actividad económica.

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