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La construcción del complejo surfero Olucas Surf Center, que prevé atraer a 200.000 turistas cada año a la cántabra localidad de Villaverde de Pontones (470 habitantes), en el municipio de Ribamontán al Monte, levanta suspicacias y desconfianzas entre parte de los vecinos de este enclave. El espacio incluirá alojamientos y una piscina de olas para desestacionalizar el turismo de surf que la comarca recibe en abundancia cada verano. Pero los residentes de la zona temen que su puesta en marcha conlleve una saturación turística que les robe su tranquilidad y desate la especulación inmobiliaria en la zona.
Olucas Surf Center costará 40 millones de euros provenientes de inversores privados y cuenta con el apoyo del Gobierno cántabro. Para su construcción será necesario recalificar 100.000 metros cuadrados de terreno rústico para la piscina y espacios hosteleros. Una vez operativo, generará entre 60 y 100 empleos (150 durante su construcción). Pero estos datos, más que esperanzar, inquietan a algunos vecinos de Villaverde de Pontones, que denuncian que ya hay especuladores preguntando por suelo: “Fomenta un modelo turístico que no mola nada”, afirman en declaraciones a El País.
El mecanismo que permitirá disponer de los terrenos necesarios para el proyecto genera también recelos. Será necesario un Plan Singular de Interés Regional (PSIR), herramienta que permite al Ejecutivo regional iniciar actuaciones urbanísticas de interés público prescindiendo de las administraciones municipales. Así, se recalificarán parcelas rústicas privadas para hacerlas suelo público urbanizable donde se asentará el complejo, del que de momento se desconoce cuál será su ubicación exacta.
El emplazamiento no es la única incógnita que rodea al proyecto. Tampoco se sabe a ciencia cierta quién está detrás. El socio único actual de Olucas es Ignacio Martínez-Peñalver, gerente de la empresa vasca Wavegarden, especializada en la creación de olas artificiales. Según Peñalver, la iniciativa “está encabezada por personas de nuestra comunidad”, pero no aporta ningún nombre. "Huele a pelotazo urbanístico, un complejo hostelero en un suelo rústico. Nos están llamando inmobiliarias para comprar todo lo que se venda", afirma uno de los vecinos.
Otra de las residentes en el pueblo expresa de forma certera las dudas que se ciernen sobre estos vecinos, que podrían estar asistiendo a una irreversible transformación de la tradicional estructura económica de la zona. "Las olas… ¡Están muy de moda las olas! Unos protestan, otros no, otros llaman para comprar terrenos… Las explotaciones de vacas van desapareciendo y se trae la leche de fuera…Ni lo veo ni no lo veo”.
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