Hace unos días, una noticia sobre un restaurante que permite la entrada de perros generó un debate en redes sociales. Y no quiero entrar en el clásico "perros sí, perros no". Creo que cada establecimiento tiene derecho a definir su modelo y que debemos avanzar hacia una hostelería capaz de convivir con diferentes necesidades.

Pero aquella noticia me hizo pensar en algo diferente. Si existen restaurantes que crean una oferta específica para quienes no quieren dejar solos a sus perros, ¿por qué no crear también una oferta para quienes deciden no dejar solos a sus padres?

Quizá ha llegado el momento de hablar de los restaurantes senior friendly. Porque mientras nos preocupamos, con razón, de que nuestras mascotas tengan compañía, existe una realidad mucho más preocupante: la soledad de nuestros mayores.

Personas que viven solas. Que comen solas. Que pasan horas esperando una llamada o una visita. Padres y madres que durante décadas dedicaron su tiempo a cuidar de sus hijos y que, en muchos casos, terminan afrontando la última etapa de su vida con demasiadas horas de silencio.

Y aquí el turismo y la gastronomía también pueden hacer mucho.

Imaginemos restaurantes que diseñen experiencias pensadas para compartir con nuestros mayores: menús adaptados, horarios cómodos, accesibilidad, mesas tranquilas, actividades gastronómicas intergeneracionales, descuentos para comidas familiares o incluso propuestas especiales para que hijos y padres puedan disfrutar juntos de una experiencia.

No sería simplemente una estrategia comercial, sería turismo con propósito. Porque hablamos constantemente de sostenibilidad turística y solemos pensar en emisiones, agua, residuos, movilidad o conservación del patrimonio. Todo eso es imprescindible. Pero existe otra dimensión que no podemos olvidar: la sostenibilidad social.

Un destino sostenible también debe preocuparse por el bienestar de las personas que viven en él y la soledad de las personas mayores puede convertirse en una de las grandes pandemias sociales del presente y, especialmente, del futuro. Quizá la hostelería pueda convertirse en uno de esos lugares donde combatirla.

Por eso, la próxima vez que pensemos en crear una oferta pet-friendly, quizá deberíamos hacernos otra pregunta: ¿Por qué no crear también una oferta «Senior Friendly» que incentive a llevar a nuestros mayores a comer, disfrutar y sentirse acompañados?

Porque quizá la experiencia gastronómica más sostenible no sea la que menos consume. Quizá sea aquella que consigue que alguien que estaba solo vuelva a sentirse acompañado.

 

*Ricardo Zapata García es Técnico y especialista en Turismo

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