El debate sobre la presión turística y la implantación de nuevas tasas en determinados destinos españoles ha abierto una conversación necesaria sobre sostenibilidad, convivencia y capacidad de carga. Sin embargo, en paralelo, existe otro riesgo del que se habla menos y que puede tener consecuencias profundas para la economía local: el desplazamiento permanente de la demanda hacia otros destinos competidores.

La preocupación es creciente dentro del sector hotelero: cuando un destino empieza a ser percibido como caro, incómodo, saturado o poco competitivo, parte de la demanda simplemente cambia de lugar. Y lo más preocupante es que, en muchos casos, no regresa.

Este fenómeno afecta especialmente a dos segmentos estratégicos para muchos destinos turísticos: el turismo familiar y el segmento MICE (Meetings, Incentives, Conferences & Exhibitions). Ambos son fundamentales porque generan gasto transversal, estancias más largas y actividad económica estable durante buena parte del año.

En el caso del turismo familiar, la sensibilidad al precio es evidente. Cuando una familia compara costes entre distintos destinos mediterráneos o nacionales, pequeños incrementos acumulados —alojamiento, tasas, restauración, transporte o actividades— pueden provocar un cambio de decisión casi inmediato. Y hoy la competencia es enorme: Portugal, Grecia, Turquía, Croacia o incluso destinos emergentes del norte de África están trabajando activamente para captar esa demanda.

Pero quizá el riesgo más delicado está en el segmento MICE. Los congresos, convenciones y viajes de incentivos no se mueven por impulso emocional, sino por competitividad y planificación. Una vez que una empresa, asociación o agencia internacional cambia de sede un evento hacia otro destino, recuperar esa confianza puede llevar años. El problema no es perder un congreso; el problema es salir del radar.

El turismo MICE tiene además un enorme efecto tractor sobre la economía local. Un congreso internacional no solo llena hoteles: activa restaurantes, taxis, VTC, comercios, proveedores audiovisuales, montadores, guías, espacios culturales y toda una cadena de servicios vinculados. Cada evento perdido supone una pérdida de facturación distribuida entre cientos de pequeñas empresas locales.

Ahí reside uno de los grandes peligros de determinadas decisiones mal calibradas: pensar que el impacto recae únicamente sobre los hoteles. La realidad es muy distinta.

Cuando baja la ocupación o se desplaza la demanda, el daño se extiende rápidamente al conjunto del tejido económico urbano.

La hostelería es probablemente uno de los sectores más sensibles a este efecto dominó. Menos visitantes significan menos consumo en bares y restaurantes, especialmente fuera de temporada alta. Lo mismo sucede con el comercio local, que depende en muchas ciudades del gasto turístico para sostener ventas y empleo. También el transporte urbano y privado sufre una reducción inmediata de actividad cuando cae el flujo de viajeros.

Además, existe un elemento psicológico que el sector conoce bien: los hábitos turísticos cambian rápido. Un visitante que descubre un nuevo destino y tiene una buena experiencia puede incorporarlo definitivamente a sus futuras elecciones de viaje. Por eso el desplazamiento de demanda nunca debe interpretarse como algo temporal o inocuo.

España sigue siendo una potencia turística mundial, pero el contexto internacional está cambiando. El cliente actual tiene más información, más opciones y compara constantemente valor, experiencia y precio. El debate no debería centrarse únicamente en limitar o gravar el turismo, sino en cómo gestionar el crecimiento sin deteriorar la competitividad de los destinos.

La sostenibilidad es necesaria. La convivencia con el residente también. Pero cualquier medida debe analizar cuidadosamente sus efectos económicos secundarios. Porque destruir demanda es mucho más fácil que recuperarla.

Y cuando un destino pierde conectividad, eventos, visitantes recurrentes o turismo familiar, las consecuencias rara vez se quedan solo en los hoteles. Acaban llegando al pequeño comercio, al taxi, a la restauración y, en definitiva, al empleo y a la vida económica de toda la ciudad.

Futuras tasas turísticas previstas en el País Vasco (2026-2027)


El País Vasco se incorporará oficialmente al grupo de comunidades con impuesto sobre estancias turísticas, previsiblemente entre el verano de 2026 y 2027, dependiendo de la adaptación normativa de cada ayuntamiento. La propuesta contempla una tasa progresiva según categoría del alojamiento y presión turística del municipio.

euskadi tasas hoteles

 

Aspectos clave de la futura normativa vasca

  • Los municipios con más de 750 plazas turísticas podrán aplicar recargos de hasta el 50%.
  • Algunos ayuntamientos pequeños podrán bonificar hasta el 100% de la tasa.
  • La tasa se aplicará inicialmente sobre un máximo de 5 o 6 noches por estancia.
  • Estarán exentos menores de 18 años, viajes por salud, estudiantes y personas con discapacidad en determinados supuestos.

Impacto económico y preocupación sectorial


La principal inquietud del sector turístico vasco no es únicamente la creación del impuesto, sino el efecto acumulativo sobre la competitividad frente a otros destinos nacionales e internacionales.

En ciudades como San Sebastián, Bilbao o Vitoria-Gasteiz, el segmento MICE y el turismo urbano de calidad han sido claves para desestacionalizar la actividad y sostener miles de empleos indirectos.

El riesgo que muchos profesionales señalan es claro: cuando congresos, eventos corporativos o turismo familiar detectan un incremento sostenido de costes, pueden optar por destinos alternativos. Y una vez que ese cliente descubre otros mercados más competitivos, recuperarlo puede resultar extremadamente difícil.

La consecuencia no afecta solo a los hoteles. También impacta directamente sobre:

  • Restauración y hostelería
  • Comercio urbano
  • Transporte y movilidad
  • Empresas de eventos y proveedores
  • Empleo local vinculado al turismo

En mercados turísticos cada vez más competitivos, el verdadero desafío será encontrar equilibrio entre sostenibilidad, financiación de servicios públicos y mantenimiento de la competitividad internacional del destino.

 

*Jesús Menéndez López es presidente de la Asociación Española de Directores de Hotel (AEDH)