Hay algo que tengo cada vez más claro: por muy bueno que sea un hotel, su éxito también depende de lo que ocurre fuera de sus puertas.

Puedes tener el hotel más bonito, unas instalaciones espectaculares, un servicio excelente, una gastronomía extraordinaria y hacer una gran inversión. Pero si el destino donde está ubicado no tiene una identidad clara, no está bien posicionado o no se promociona adecuadamente, ese hotel lo tendrá mucho más difícil.

Y creo que de esto hablamos demasiado poco.

A veces nos obsesionamos con vender el establecimiento, llenar habitaciones y competir con el hotel de al lado, cuando deberíamos dedicar también esfuerzos a algo mucho más importante: conseguir que el viajero quiera venir al lugar donde estamos.

Porque un hotel no vende únicamente habitaciones. Vende una experiencia. Y esa experiencia empieza mucho antes del check-in y continúa cuando el huésped sale por la puerta.

Por eso defiendo que destino y establecimientos turísticos tienen que ir de la mano.

Hoteles, restaurantes, empresas de actividades, comercios, patrimonio, cultura, gastronomía, naturaleza y administraciones: tenemos que entender que, aunque podamos competir entre nosotros, también tenemos un interés común: que el destino sea atractivo, conocido y deseado.

Pero hay algo que considero fundamental: ese destino debe ser sostenible.

No podemos seguir pensando únicamente en cuántos turistas somos capaces de atraer. Tenemos que preguntarnos qué impacto generan, cómo afecta el turismo a quienes viven allí y cómo protegemos nuestros recursos naturales, culturales y paisajísticos.

Para mí, la sostenibilidad no puede ser un reclamo de marketing. Tiene que formar parte de la estrategia de construcción y posicionamiento del destino desde el principio.

Y esto es todavía más importante cuando hablamos de lugares que aún no tienen un posicionamiento turístico fuerte.

Un destino también se puede construir desde cero.

No se trata de inventar lo que no existe. Se trata de identificar lo que tenemos, ponerlo en valor, conectarlo, protegerlo y crear una identidad capaz de despertar en el viajero las ganas de venir.

En mi opinión, el futuro no está en que cada establecimiento haga la guerra por su cuenta. Está en entender que colaborar puede hacer crecer el mercado para todos.

El hotel de al lado puede ser mi competencia hoy, pero también puede ser mi aliado para conseguir que mañana el viajero elija nuestro destino frente a otros.

Por eso creo que deberíamos dejar de preguntarnos únicamente cómo vender mejor nuestros hoteles y empezar a preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para vender y proteger el destino en el que están?

Porque un hotel puede ser magnífico, pero un gran hotel necesita un gran destino detrás. Y un gran destino necesita establecimientos que crean en él.

 

*Ricardo Zapata García es Técnico y especialista en Turismo

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