La aerolínea de bajo coste británica easyJet rechazó la pasada semana la cuarta oferta de compra realizada por el fondo norteamericano Castlelake, que subió la puja hasta 5,7 millones de euros. Pero por primera vez, la compañía aérea mostró públicamente predisposición a seguir negociando su posible venta con los interesados.

La insistencia de Castlelake podría esconder no tanto un interés en la aerolínea, que atraviesa una crisis por el encarecimiento del queroseno, como en sus activos, de cara a explotarlos o venderlos troceados, informa The Economist. Según fuentes citadas por dicho medio, una oferta de 6,13 millones bastaría para cerrar la operación.

Es probable que Castlelake no busque mantener easyJet en su forma actual. Así, su principal interés, cuyo negocio de arrendamiento gestiona cientos de aviones, estaría básicamente en la flota de la low cost: unos 200 aviones Airbus de corto recorrido, a los que hay que sumar pedidos de otros 290 aviones para entregar por Airbus en los próximos ocho años. El enorme retraso de Airbus en la entrega de más de 9.000 nuevos aviones hace de esta flota un activo muy interesante para el fondo.

Además, easyJet posee una importante cartera de ranuras o slots de aterrizaje en importantes aeropuertos, pues, a diferencia de otras aerolíneas de bajo coste que han optado por utilizar aeródromos más periféricos y convencionales, esta compañía prefirió mantenerse en los importantes.

Finalmente, easyJet ha impulsado un próspero negocio vacacional desde 2019, aprovechando que por su web pasan más de 100 millones de clientes. De hecho, el sector vacacional representa a día de hoy más de un tercio de los beneficios de la empresa. Si bien es complicado valorar esta parte del negocio de forma separada, otras aerolíneas europeas con negocios vacacionales, como British Airways o Jet2, podrían estar interesadas en hacerse con él.