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Tengo la sensación de que hemos dejado de tener criterio y pensamiento crítico. Lo que se hace siempre es lo más fácil, sin importar las consecuencias. Pero nadie se para a pensar en lo ético, lo estético o el valor de las cosas.
Vivimos en un espejismo de que se “democratiza” el acceso a muchos clientes con tantas plataformas. O que se “facilita” la venta a muchos proveedores o vendedores. Es mentira.
El resultado es que la sociedad está harta de tan mala calidad en prácticamente todo porque, claro, para los vagos, los que no buscan calidad, los que quieren todo fácil y rápido, el mundo se ha convertido en un lugar maravilloso.
Pero para el resto no es así: experiencias pobres, falsas, estafosas… Sí, estafosas. Hay gente que vende cosas que no tiene. Como entradas a monumentos, por ejemplo.
Plataformas de viajes, de reservas, de experiencias, de venta de productos, de su madre… Y luego nadie sabe qué es verdad, qué es mentira y qué es bueno o no. Claro, estas empresas son las que mandan. Pero, ¿en qué mandan? EN TODO. Y esto expulsa a los buenos, por ejemplo.
El problema es que cuando todo vale, nada tiene valor. Y lo que debería ser una industria de excelencia se convierte en una fábrica de humo. El cliente lo nota y el destino lo paga.
Hay guías sin licencia, agencias que venden sin criterio y hoteles que recomiendan lo que ni siquiera han probado. Todo por moverse rápido. Por llenar huecos. Por ganar comisiones.
El precio de las consecuencias era caro, está siendo muy caro y será extremadamente caro. Impagable.
Y a ver quién lo para.
**Rafa Gallardo es director en Sensa | Tourism & Experiences



