Andando una mañana de estas Navidades por las calles adoquinadas de Cádiz, cuando la ciudad despierta despacio y el silencio aún forma parte del paisaje urbano, el sonido dominante no era el del mar ni el de las primeras conversaciones. Era el traqueteo constante de las maletas rodando sobre la piedra.
Como profesional del turismo y con formación específica en turismo sostenible, no puedo evitar mirar estas escenas desde una perspectiva más amplia. El ruido que generan las maletas con ruedas duras en los centros históricos de ciudades turísticas no es una anécdota: es un impacto cotidiano, acumulativo y perfectamente evitable.
Llevamos años hablando de sostenibilidad turística, pero a menudo la reducimos a cifras de visitantes, huella de carbono o gestión de residuos. Sin embargo, la sostenibilidad también se mide en calidad de vida de los residentes, y dentro de ella el derecho al descanso es un indicador fundamental. Una ciudad no puede considerarse sostenible si sus habitantes ven alterado su sueño de forma sistemática por una actividad que, además, depende directamente del diseño de un producto.
El caso de Cádiz es paradigmático. Calles estrechas, adoquinadas, barrios históricos donde el sonido se amplifica y se propaga. En ese contexto, las maletas con ruedas rígidas generan un ruido seco y repetitivo que se cuela en las viviendas a cualquier hora del día o de la noche. No es culpa del viajero: es una consecuencia directa de un diseño pensado sin tener en cuenta el entorno urbano real.
Desde el punto de vista de la sostenibilidad, resulta llamativo que sigamos aceptando este impacto cuando existen materiales y soluciones técnicas suficientes. Ruedas de goma, materiales fonoabsorbentes o sistemas adaptados a pavimentos históricos no son una utopía, son una decisión de diseño.
Por eso lanzo esta reflexión, y esta pregunta, directamente a los fabricantes de maletas. En un momento en el que el sector turístico avanza hacia modelos más responsables, ¿no es hora de que la industria auxiliar también asuma su parte? ¿No debería el diseño de una maleta contemplar no solo la comodidad del viajero, sino también el respeto al destino?
Viajar de forma sostenible no es solo elegir un transporte menos contaminante o un alojamiento responsable. También es minimizar el impacto acústico, respetar el descanso de quienes viven en los destinos y entender que las ciudades turísticas no son escenarios, sino lugares habitados.
Cádiz me recordó esa mañana que la sostenibilidad empieza muchas veces por los pequeños detalles. Y uno de ellos, aunque haga ruido, sigue pasando demasiado desapercibido.
Porque un turismo verdaderamente sostenible debería dejar huella en la memoria, no en los oídos.
*Ricardo Zapata García es Técnico y especialista en Turismo




