Juan Roig ha encontrado petróleo en las chanclas de los guiris. En 2025, los turistas se dejarán 1.800 millones de euros en sus cajas, convirtiendo a la cadena en un gigante del sector turístico sin tener una sola cama de hotel.

Antes, el turista venía a dejarse el sueldo en restaurantes y mariscadas. Hoy, el viajero de Airbnb llena la nevera con marca blanca para sobrevivir a la inflación y gastar solo en lo instagrameable.

¿Por qué los visitantes prefieren el hummus de Hacendado a la paella del paseo marítimo?

  • Porque la inflación mató al "menú del día". Comer fuera tres veces al día es un lujo extinto. El turista recorta en calorías para gastar en vuelos; el picnic de súper es la única forma de cuadrar el presupuesto del viaje.
  • Porque el "efecto Airbnb" exige nevera llena. Si te pillas un apartamento con cocina, no bajas al restaurante, bajas al Mercadona. Se han convertido en la despensa oficial de los pisos turísticos.
  • Porque su "Listo para Comer" es el nuevo chiringuito. Ofrecen platos calientes por 5€ sin espera. Es la forma más segura y barata de comer sin caer en la trampa para turistas de la terraza con fotos de los platos.
  • Porque buscan refugio estandarizado. Ante el miedo a que les timen en un bar local, el supermercado ofrece precios fijos, aire acondicionado y una experiencia predecible que elimina la ansiedad del forastero.

El dinero que antes iba al camarero ahora va a la cajera, validando un modelo de turismo más precario donde la gastronomía local se consume en envase de plástico en un banco del parque.

Para la hostelería es una alerta roja: vuestro rival ya no es solo el bar de al lado, es el lineal de embutidos de Juan Roig.

Moraleja: El souvenir más vendido es una tarrina de guacamole.

 

*Joel Luna es experto en alianzas estratégicas y fundador de Jointure