Opinión

El turismo después de la pandemia

A nuestro sector turístico y a la sociedad española en general le conviene caminar por la senda de la rentabilidad empresarial y social

Para intentar predecir el futuro es conveniente conocer el presente, e incluso el pasado, para especular sobre si va a haber continuidad o transformación.

La cosa se complica si intentamos hacer pronósticos sobre el llamado “turismo", un amplio conglomerado de sectores, unos veinte, que van desde el alojamiento al transporte, pasando por la hostelería, el golf, la intermediación y la restauración. Cada uno de ellos tiene un futuro diferente.

 Según la cuenta satélite, que realiza el INE, en el 2019 el turismo contribuyó con un 12,7 % al PIB —el cincuenta y cinco por ciento del turismo procedente del exterior— y  dio empleo a 2,7 millones de trabajadores, la gran mayoría, más de 1,6 millones, en el sector que llaman HORECA: hostelería, restauración y cafeterías, que cuenta —o más bien contaba— con más de trescientas mil empresas.

Hay una gran concentración geográfica, especialmente del turismo proveniente del extranjero, en unos cuantos destinos como los dos archipiélagos en los que es responsable de entre el 30-40% del PIB.

La mayor parte de los subsectores que constituyen el turismo han sido los más afectados por la pandemia, puesto que tienen como base la movilidad y el contacto humano.

El turismo es muy intensivo en mano de obra, importante en un país con alto nivel de desempleo, pero con pocos contratos fijos y muchos de los llamados fijos discontinuos, especialmente en las Baleares. Emplea a docenas de miles de trabajadores que no encontrarían acomodo en otras áreas.
 

 

Excepto en algunos segmentos del transporte y de la hotelería, tiene dificultades para incrementar la productividad, al no poder sustituir a los humanos por robots.

La pandemia ha provocado una caída de la facturación de las empresas de este sector mucho mayor que en cualquier otro. Los cálculos preliminares indican que la aportación al PIB en 2020 habrá sido solo del 4,3 % (Exceltur). El gasto de los extranjeros cayó un 80% y el de los españoles un 50. Al contrario que en otros sectores, la mayor parte de la  oferta no usada no puede ser almacenada.

La caída ha sido muy fuerte en todo el mundo, pero pocos países, especialmente en Europa, dependen tanto del turismo como España.

Para paliar los efectos de este derrumbe, el Gobierno ha puesto en marcha una serie de planes, algunos generales como los ERTE o los créditos ICO, y otros específicos, pero que han sido calificados por un “lobby” de la patronal como “tiritas para hemorragias", al tiempo que solicitaba cinco mil millones en ayudas directas.

Hay que recordar que el turismo figura como competencia exclusiva de las comunidades autónomas en todos sus estatutos. Casi todas ellas han presentado planes con  subvenciones específicas.

Los fondos Next Generation EU, provenientes de la Unión Europea, están en su mayoría destinados a la innovación verde y digital. Además los bonos “sure” se han creado  para proteger el empleo.
 

 

Las principales cadenas hoteleras, que hoy día son multinacionales, llevan años invirtiendo en digitalización y medio ambiente, especialmente en sus propias plataformas de reservas. Lo mismo ocurre con compañías aéreas y otras empresas de transporte, pero hay que hacer un gran esfuerzo para que las PYMES puedan seguir ese camino.  La mayor digitalización supone un  menor uso de las agencias de viajes y menor capacidad competitiva de las empresas que son incapaces de hacerlo.

El modelo español está basado en una amplia oferta de alojamiento a precios asequibles, especialmente en las zonas costeras —Península e Islas—, dotadas de un magnífico clima, a distancia razonable de grandes centros emisores con los que hay una conexión aérea muy superior a la de nuestros competidores. Una vez en España, los turistas  encuentran seguridad; jurídica, sanitaria y física; magníficas comunicaciones (trenes, autopistas y telefonía); buena gastronomía; precios baratos en las bebidas alcohólicas  y una amable cultura de acogida.

En el lado negativo hay acusaciones de baja rentabilidad, empleo precario, exceso de turismo en el centro de algunas ciudades y un buen número de turistas con comportamientos inadecuados y escaso gasto.
 

Protestas contra el turismo en Mallorca, Valencia y Barcelona

Como toda crisis tiene su oportunidad, nuestras principales cadenas hoteleras, las internacionales que operan en España y buena parte de los fondos de inversión propietarios de instalaciones de alta categoría, quieren incrementar la rentabilidad invirtiendo en la renovación y mejora de los establecimientos. Las diferentes administraciones aseguran que también quieren dar preferencia al gasto de los turistas. Pero los principales actores del turismo de masas sin límites no parece que estén por la labor.

Hay consenso en el ritmo de recuperación, tomando siempre 2019 como año base. El 20 habría tenido solo un veinte por ciento de actividad, que se convertiría en el cincuenta en el 21, debido sobre todo al aumento del turismo nacional, y no alcanzaría los niveles previos hasta finales del 23 o el 24.

Sin embargo, no lo hay respecto a la foto al final de la recuperación. Los inversores apuestan por un futuro muy parecido al pasado reciente —el virus habría sido solo una lupa que aumenta y acelera la realidad—.

Ryanair ha hecho un gran pedido de 210 Boeing 737 Max para disponer en 2026 de 150 aviones más que en el 2019. La cotización de sus acciones no ha sufrido en bolsa y actualmente valen más que las de las cuatro grandes compañías europeas “de bandera” juntas, que sí se han depreciado. Y Airbnb lanzó una oferta pública de un buen paquete de sus acciones que se vendieron a tres veces el precio previsto y más del doble del de salida. La empresa fue valorada en cien mil millones de dólares  más que el conjunto de las cuatro grandes cadenas hoteleras mundiales, cuya capitalización bursátil también cayó  el pasado año.

Ryanair y Airbnb confían en que las Administraciones públicas no se atrevan, ante la gravedad de la situación, a poner pegas a su crecimiento basado en la premisa de que el miedo a viajar  se cura con billetes y alojamientos baratos, y que ya ha funcionado en ocasiones anteriores. Los Gobiernos europeos tendrán que decidir entre bajar las orejas y fomentar cualquier tipo de turismo o guiarse por la agenda verde de Ursula Von der Leyen.
 

Ursula Von Der Leyen © European Union 2019

Inevitablemente unas cien mil empresas, bares, cafeterías, agencias de viajes, no volverán a abrir, sea cual sea el tipo de ayudas que reciban, por falta de capacidad financiera para resistir, independientemente de cuál sea la tendencia ganadora.

A corto plazo, la presión de los partidarios del turismo de masas sin límites será fuerte, pero a medio y largo plazo, a nuestro sector turístico y a la sociedad española en general le conviene caminar por la senda de la rentabilidad empresarial y social.

Mucho me temo que, en los próximos años, ganarán los que creen que el futuro es el pasado.

 

*Ignacio Vasallo es director de Relaciones Internacionales de la Federación de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET).

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