Artículo originalmente publicado en TravMagazine y reproducido con consentimiento


En tiempos de incertidumbre, la gente no busca menos viajes, sino más confianza. Eso es precisamente lo que importa ahora. Ya no se trata de si la gente sigue queriendo viajar; esa pregunta ya tiene una respuesta clara desde hace tiempo. La gente quiere seguir viajando sin lugar a dudas.

La pregunta relevante es: ¿en quién depositan su confianza? ¿En una bonita imagen (generada por IA) en una pantalla, o en un profesional de los viajes que entiende lo que está pasando, se anticipa a los acontecimientos y asume su responsabilidad?

Esa elección —a favor del profesional de los viajes— es tranquilizadora para nuestro sector, pero al mismo tiempo también emocionante. Porque la confianza del cliente no se da de forma gratuita. Debemos ganárnosla, cada día y en cada viaje o vacaciones. Con información clara, con consejos sinceros, con disponibilidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana, cuando las cosas van mal, y con la disciplina férrea no solo de vender, sino también de proteger a los clientes.

Unas vacaciones o un viaje de ensueño no son una compra impulsiva. Es una decisión en la que las personas ponen su tiempo, su dinero y sus expectativas en nuestras manos. Eso requiere algo más que entusiasmo y experiencia. Especialmente en estos tiempos extraños, esto se hace evidente.

El mundo se ha vuelto mucho más inestable. Los conflictos, las tensiones geopolíticas, la incertidumbre económica y las normativas en constante cambio complican las cosas. Los viajeros lo perciben directamente y buscan orientación. No quieren viajar menos, pero quieren más certeza sobre lo que reservan. Y ahí es donde reside una oportunidad para nosotros como profesionales.

Quienes demuestran ser fiables, expertos y transparentes no solo consiguen esa primera reserva, sino que a menudo también forjan una relación duradera con el cliente.
Sin embargo, creo que, como sector, somos demasiado modestos respecto a nuestro valor añadido. Nos gusta hablar de lo que ofrecemos: inspiración, destinos, experiencias, y con razón. Pero deberíamos enfatizar mucho más que también somos un pilar en tiempos de incertidumbre. Que aportamos tranquilidad cuando las cosas no están claras. Que no solo vendemos un viaje, sino que también eliminamos las preocupaciones. Esto no es secundario. Ese es nuestro valor añadido: #viajessinpreocupaciones.

El viajero de hoy es más exigente que nunca, y con razón. Quien tiene tantas opciones, naturalmente, exige calidad. Quien pueda comparar opciones en línea en segundos espera transparencia. Esto significa que debemos ser inflexibles en nuestros valores fundamentales: condiciones favorables para el consumidor, información óptima, servicio de calidad y la capacidad de actuar con rapidez y eficacia ante cambios inesperados.

En esencia, ese es el núcleo de mi mensaje: viajar sigue siendo una fuente de libertad, relajación y conexión. Pero es una libertad que debe basarse en la tranquilidad. Sin ella, viajar se convierte en una apuesta. Con esa seguridad, viajar vuelve a ser lo que debería ser: algo a lo que la gente puede entregarse con confianza, incluso cuando el mundo exterior parece incierto.

No es una tarea fácil para nosotros, pero sí importante. Y, sinceramente, también muy gratificante. Porque si logramos preservar esa sensación de viajar sin preocupaciones para nuestros clientes, hacemos más que simplemente hacer posible viajar. Ofrecemos a las personas algo que todos buscan, y lo que hace que viajar sea tan especial: calma, alegría, relajación, tranquilidad y la certeza de que el mundo sigue abierto a ser descubierto.

 

*Frank Radstake es director de la Asociación Neerlandesa de Agencias de Viajes y Touroperadores (ANVR)