Dicen que los hoteleros, como los clientes, buscan la felicidad en la industria del turismo. Que están mejorando sus negocios con digitalización, eficacia y rentabilidad.

Pero yo lo miro desde otro sitio. Desde el pasillo, con el carrito lleno y las manos vacías de tiempo. Desde la habitación, donde la tecnología aún no sabe hacer una cama
ni escuchar un suspiro cansado.

Yo creo que la felicidad también debería buscarse para los que trabajamos dentro.

Ojalá los hoteles aprendieran (también) a unirse entre ellos, a vender juntos, a cuidar sus destinos, en vez de dejar que solo las grandes OTAs decidan por todos. Sería más justo para el viajero y también para quienes trabajamos detrás de cada puerta cerrada.

La verdadera eficacia está en la unión, no en la competencia. En la empatía, no en el algoritmo.

Quizá algún día entendamos que la rentabilidad no brilla más que una sonrisa sincera y que un destino crece de verdad cuando también florece la gente que lo limpia, lo cuida y lo hace posible.

Creo en un futuro más justo para quienes hacen posible la hospitalidad.

 

*Hortensia Lozano Ferrera es camarera de pisos con más de 19 años de experiencia en hoteles de 4 y 5 estrellas, formada en Gobernanta de Hotel y Jefa de Planta por la Universidad Nebrija.

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