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En los últimos días, he vuelto a fijarme en algo que, con el ritmo del trabajo, a veces nos pasa desapercibido a los residentes canarios: los colores del cielo en el atardecer. Los tenemos medio año y los disfrutamos con una naturalidad mecánica.
Las puestas de sol están siendo espectaculares. Entre octubre y febrero, al menos tres días cada semana, el cielo en Canarias ofrece un espectáculo que muchos destinos envidiarían, sobre todo cuando llueve ligeramente y la luz cambia de forma inesperada. A esa hora, alrededor de las seis de la tarde, intento salir unos minutos para verlas: desde la terraza del piano bar de mi hotel, con ubicación estratégica mirando al suroeste sobre el mar, no me canso de admirarlas.
Por la mañana ocurre algo parecido: hay amaneceres que ya te predisponen a afrontar el día con otra actitud.
Contamos con un recurso que no estamos incorporando a la promoción del destino. Otros lugares sí lo han hecho: Ibiza, Santorini o el Algarve han convertido sus atardeceres en parte reconocible de su identidad turística. Canarias está perfectamente a la altura.
El cielo como recurso turístico que aún no aprovechamos
Algunos pensarán que exagero, pero lo digo de corazón y con razón. Hay destinos que basan buena parte de su oferta en fenómenos ópticos atmosféricos. Laponia es un ejemplo claro. Cuando fui a Tromsø, el motivo principal era ver auroras. La ciudad se presenta como la “puerta al Ártico” y todo gira alrededor de ese fenómeno: excursiones nocturnas, hoteles preparados para observarlas desde la habitación, rutas nocturnas a montañas como el Storsteinen o salidas nocturnas en guagua “a la caza de la aurora”. Disfruté de caminar entre calles cubiertas de nieve, de ver renos y de recorrer paisajes que me encantan tanto en invierno como en verano, que también visité el país, aunque el objetivo de este viaje era disfrutar de esos fenómenos atmosféricos.
En Canarias tenemos una oferta amplia y consolidada, y los amaneceres y las puestas de sol podrían ocupar un lugar más visible en la imagen del destino. Son la guinda de un destino muy completo. No requieren inversión, no dependen de modas y están ahí casi todos los días. Solo falta incorporarlos a nuestro relato turístico con la misma naturalidad con la que los disfrutamos.
*José Ángel Vázquez Romero es director del Hotel H10 Timanfaya Palace (Lanzarote), director del área de Alojamientos Turísticos del Colegio Profesional de Turismo y miembro del claustro en el MBA Turismo del Instituto Canario de Turismo




