Opinión

¿Cuántos no hemos hecho caso a los avisos de la aerolínea y decidimos abrir un paquete de nueces literal y metafóricamente?

La próxima vez que escuches el "por favor, abróchense el cinturón" o el "desconecten los dispositivos electrónicos", es la aerolínea intentando que tu vuelo no termine en un hospital

¿Cuántas veces has visto a alguien abrir el compartimento de equipaje antes de que el avión pare en la puerta de embarque? ¿O ponerse los auriculares mientras la tripulación grita las instrucciones de seguridad? ¿O encender el móvil en plena rodadura porque "ya casi estamos"?

Pues ahora tenemos el caso extremo: una pasajera del EZY2237 (Manchester–Copenhague) que el martes pasado decidió que los tres avisos de la tripulación sobre alergia a frutos secos eran una sugerencia, no una norma. Abrió el paquete de nueces, repartió a los niños y… boom. Aterrizaje de emergencia en Newcastle, ambulancia, médico a bordo, vuelo retrasado y una mujer luchando por respirar.

La pasajera que lo causó, según testigos, "no lo hizo con mala intención". Claro. Nunca lo hacemos. Simplemente decidimos que las normas no van con nosotros.

Y aquí viene la reflexión incómoda: la industria aérea gasta millones en protocolos de seguridad, tripulaciones entrenadas en primeros auxilios, desvíos costosos… y todo se va al traste porque una persona no puede reprimir el impulso de abrir un snack durante 90 minutos. No es un fallo del sistema. Es un fallo de civismo.

La próxima vez que escuches el "por favor, abróchense el cinturón" o el "desconecten los dispositivos electrónicos", recuerden: no es la aerolínea siendo pesada. Es la aerolínea intentando que tu vuelo no termine en un hospital del norte de Inglaterra a las 11 de la noche.

 

*Josep Bernat es director de Nuk Consultants

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