Hay pocos sectores económicos en los que difieran tanto las cifras. Joan Cantarero en su libro "Los amos de la prostitución en España" señala que se pagan anualmente 18.000 millones de euros por servicios sexuales. Según el autor la prostitución sería ejercida en España por 400.000, personas, de las cuales 360.000 mujeres.

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE), como consecuencia de la obligatoriedad de aplicar en España el Sistema Europeo de Cuentas Nacionales y Regionales ESA 2010, que recoge todas las actividades de la economía, incluyendo el tráfico de drogas y la prostitución; la valora en el 0,35 % del PIB, es decir, cerca de cuatro mil millones de euros.

La mitad de las personas que ejercen la prostitución lo hacen en clubes de alterne y burdeles; la otra mitad en la calle, parques, pisos, saunas, y polígonos industriales. En España la prostitución es alegal. De vez en cuando se discute en alguna subcomisión del Congreso la conveniencia de proceder a su regulación o su prohibición, pero que yo sepa solo Ciudadanos, ha mostrado su posición a favor de su regulación.

Numerosos ayuntamientos sí han procedido a dictar normas prohibiendo la prostitución callejera, que suelen ser incumplidas.

El Código Penal tipifica como delitos la prostitución forzada, especialmente la de menores, y el proxenitismo.

Según diferentes fuentes, más de la mitad de las prostituidas lo son en contra de su voluntad; la mayor parte extranjeras, sobre todo, rumanas, rusas, ucranianas y sudamericanas. Estas dos aspectos nos señalan el problema de la trata de blancas, menos agudo entre las que trabajan en burdeles y clubes, en donde hay un mayor control policial.

Muchos de estos locales están situados en zonas fronterizas como La Junquera o en lugares turísticos como La Costa del Sol, estableciéndose una clara correspondencia entre prostitución y turismo. La nacionalidad de los que usan esos servicios está relacionada con las normas que rigen en el país correspondiente. En nuestro principal mercado emisor, Gran Bretaña, la prostitución es legal, pero sometida a numerosas trabas destinadas a impedir el proxenetismo y el espectáculo público; está prohibida en la calle, en coches y, especialmente, están prohibidos los burdeles.

En Alemania es legal desde 2002. Se trata de un trabajo como cualquier otro, con pensión y seguro médico. Se calcula que es ejercida por 400.000 personas -el doble que hace diez años-y que mueve unos 20.000 millones de euros al año. El sistema alemán es de macroburdeles a los que acuden numerosos turistas, a veces en autobuses desde el extranjero. Uno de los asuntos más controvertidos es el alto porcentaje de chicas extranjeras, que hace sospechar de la existencia de tramas de trata de blancas que con la legalización deberían de haberse eliminado. Este modelo de legalidad, mientras se pague en el prostíbulo, es seguido también por Austria, Grecia, Holanda y Hungría.

En Italia, como es habitual, la ley va por un sitio y la practica por otro. Están prohibidos los prostíbulos y existe el delito de prostitución. Están previstas fuertes penas para los que se benefician de la prostitución de menores de 18 años y para las bandas organizadas, pero hay tolerancia en casas o apartamentos privados, e incluso en la calle. Existe trata de blancas con mujeres procedentes de África y Europa del Este.

En Estados Unidos es totalmente ilegal
 

El caso más interesante, por haber servido de modelo a Francia, Noruega, Islandia, Dinamarca. Finlandia, Islandia y Rumania, es el de Suecia. 

La legislación que endurecía la prohibición de la prostitución fue aprobada en 1999 como parte de una normativa general contra la violencia de género y en favor de la igualdad. En Suecia siempre ha habido poca prostitución debido fundamentalmente al sistema de protección social que evitaba que las mujeres la ejercieran por necesidad. Los explotadores (es decir, los clientes) deben ser castigados, incluso con penas de cárcel y haciendo públicos sus nombres; mientras que las víctimas (las prostitutas) deben recibir ayuda.

Según cálculos de la policía sueca, no deben de quedar más allá de 200 prostitutas, lo que nos da una idea del éxito de esa política, que responde a una óptica femenina, igual que en el caso de Francia; mientras que en la mayor parte del mundo la legislación responde a una perspectiva masculina. Ambos ministerios responsables, el francés y el sueco eran ocupados por mujeres en ambos países cuando se aprobó la legislación.

El ejercicio de la prostitución se ha ido, pues, acomodando a las formas culturales dominantes en cada periodo de la historia. En el Código de Hammurabi, del Siglo XVIII AC, ya se regulaban los derechos de herencia de las rameras. Se ejercía en Babilonia La practicaban fenicios y en la Grecia clásica era actividad tanto masculina como femenina por la que había que pagar impuestos y portar una indumentaria especial para señalar la profesión.

Estaba prohibida por la religión judía
 

En Roma, donde existía una gran libertad sexual, eran independientes. Los prostíbulos eran baratos, puesto que se entendía que cumplían una función social y eran usados por personas de pocos recursos o forasteros, los ricos usaban a sus propias esclavas. Catón el Viejo indicaba "Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de molestar a las mujeres de otros".

En el S. I. AC había 32.000 "lupas" registradas en la ciudad de Roma. Una gran parte ejercían en lupanares que se anunciaban gráficamente en la calle y que solían ser de tamaño reducido, pero de uso frecuente.

Fue común en el Imperio Azteca
 

En la Edad Media, con el peso de la Iglesia Católica, había una tolerancia general. El pensador cristiano más influyente de la época, Santo Tomás de Aquino, comparó a un burdel en la ciudad con una fosa séptica en el Palacio: desagradable, pero necesario para deshacerse de las impurezas naturales.

En 1358, el Gran Consejo de Venecia señala que la prostitución era absolutamente indispensable. Muchas ciudades de Francia y Alemania crearon burdeles municipales. Según la mentalidad de la época los beneficios de la prostitución organizada oficialmente eran claros: disminuir los porcentajes de ilegitimidad, prevenir la difusión de enfermedades sexuales por prostitutas independientes no sujetas a inspecciones municipales, evitar la homosexualidad y mejorar el orden público.

Como magistralmente indica John Hale en su libro "La civilización de Europa en el Renacimiento", en las ciudades alemanas era común invitar al séquito del Emperador a pasar una noche en el burdel.

 La prostitución era mayor en los países con régimen de mayorazgo. Por ejemplo, en Venecia el cincuenta por ciento de los varones de las buenas familias no se casaban para proteger la fortuna familiar, con lo que el número de prostitutas era extremadamente alto. Incluso había catálogos de cortesanas (las que tenían casas o apartamentos) frente a las meretrices basadas en burdeles.

Las dos ciudades más importantes del turismo internacional, Roma y Venecia, eran las que tenían el mayor índice de prostitución.

La reforma luterana y calvinista inició pronto su cruzada contra la prostitución. Ya en 1532, el Ayuntamiento de Augsburgo cerró el burdel a instancias de los predicadores luteranos. El celibato obligatorio había llevado a los curas a vivir abiertamente en pecado con mujeres y a ser tolerantes con la prostitución.

Los moralistas se centraron en Alemania y Suiza, mientras que en la católica Perpiñán, por ejemplo, los dominicos seguían contribuyendo en 1608 al mantenimiento del burdel.

Hasta esa fecha, en los ejércitos (no en los calvinistas) existían compañías de mujeres que limpiaban, ofrecían sexo y cocinaban, con el argumento de que de esa forma los soldados no se metían con las mujeres locales. De manera más o menos pública la costumbre siguió en muchos ejércitos, basta con acordarse de las esclavas coreanas en el ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial.

En la época moderna, predomina la cortesana hasta comienzos del siglo XX, momento en el que algunas, como la Bella Otero, obtuvieron fama internacional. La revolución sexual de los años sesenta del siglo pasado no excluyó del mercado a la mayor parte de las rameras.

El turismo de temporada en España, en la mayor parte de los destinos de playa es definido por las eses, en inglés: see, sand, sangría and sex. Este último hace referencia al sexo consentido y gratuito, pero también al de pago. Todos los destinos turísticos tienen sus zonas dedicadas a esa actividad, que es para una parte de nuestros turistas un atractivo de nuestros destinos frente a la actitud pudibunda de ciertos competidores. 

Algún día, el nuevo Gobierno o el siguiente tendrá que enfrentarse al dilema de seguir como estamos, regular la actividad e ingresar el IVA generado, o prohibirla. Parece que tomar una decisión en este campo es mucho más difícil que hacer una dura reforma laboral.