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Astrid Pérez es, desde 2023, la presidenta del Parlamento de Canarias, una de las comunidades autónomas en las que el turismo tiene un mayor peso, suponiendo el 37,7% de la economía y el 42,3% del empleo. Ha querido hablar con Tourinews sobre la labor legislativa en torno al turismo en el ciclo político "con mayor actividad de la historia" de la Cámara y sobre los retos de futuro para el sector.
"Tenemos que seguir avanzando en sostenibilidad, renovación de los espacios turísticos, infraestructuras, movilidad, formación y calidad del empleo y, sobre todo, en conseguir que la riqueza que genera el turismo tenga un retorno cada vez mayor en la sociedad canaria", asevera y hace un llamamiento a buscar el equilibrio. "Canarias tiene que ser capaz de compatibilizar su principal motor económico, que es el turismo, con la protección de un territorio que es limitado y de un enorme valor ambiental; pero también con la necesidad de disponer de vivienda residencial", asevera.
Pregunta (P): Asumió la presidencia del Parlamento de Canarias en 2023; desde entonces en la Cámara se han tramitado la Ley de Ordenación del Turismo, la Ley de Municipios Turísticos, la Ley de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de Viviendas… ¿Está siendo una legislatura marcada especialmente por el turismo?
Respuesta (R): Sí, creo que podemos decir que el turismo está teniendo un peso importante en esta legislatura, aunque tampoco diría que sea una legislatura exclusivamente marcada por el turismo. Estamos hablando del principal motor económico de Canarias y de una actividad que hoy está directamente relacionada con algunos de los grandes debates que tenemos como sociedad: la vivienda, el territorio, la sostenibilidad, los servicios públicos o el empleo.
En la última década hemos vivido una transformación muy intensa de nuestro modelo turístico. Han aparecido nuevas realidades, como el crecimiento de la vivienda vacacional, que han generado oportunidades económicas y han permitido que los beneficios del turismo lleguen también al comercio local y a muchas familias, pero que al mismo tiempo han abierto debates importantes sobre el mercado residencial, la ordenación territorial o la protección del territorio. Y todo eso inevitablemente llega al Parlamento. Por eso creo que, más que hablar de una legislatura marcada por el turismo, hablaría de una legislatura en la que estamos intentando dar respuesta legislativa a una realidad turística y social que ha cambiado muchísimo.
Una ley no es únicamente el resultado del trabajo del Gobierno y de los grupos parlamentarios. En su tramitación también pueden participar los ciudadanos, los colectivos y los sectores afectados, y para mí esa participación es fundamental
P: ¿Ha sido más intensa la tramitación parlamentaria de leyes turísticas que en legislaturas anteriores?
R: Esta está siendo, en términos generales, una legislatura de una enorme intensidad parlamentaria. Los propios datos de los servicios de la Cámara señalan que estamos ante la legislatura con mayor actividad de la historia del Parlamento. En los tres primeros años se celebraron más de 2.000 actividades parlamentarias y se aprobaron 19 leyes, además de las correspondientes convalidaciones de decretos ley. Y dentro de esa actividad legislativa, evidentemente, el turismo ha ocupado un espacio importante. Se han abordado cuestiones como la ordenación sostenible del uso turístico de las viviendas y la Ley de Municipios Turísticos, entre otras iniciativas relacionadas con una actividad absolutamente estratégica para Canarias. Por tanto, más que establecer una comparación con legislaturas anteriores sobre cuántas leyes turísticas se han aprobado, creo que el dato relevante es que estamos ante una Cámara con una actividad legislativa muy intensa y que el turismo, por su importancia económica y social, está muy presente en ella.
P: ¿Por qué cree que se ha producido esto? ¿Ha habido un mayor “entusiasmo” por parte de la Consejería de Turismo, un mayor consenso político y social sobre la necesidad de nuevas normas…?
R: Creo que confluyen varias circunstancias. Hay una realidad turística que ha cambiado muy rápido y que obliga a actualizar las normas. Tenemos nuevas formas de alojamiento, nuevos hábitos turísticos y también una mayor preocupación social por cuestiones como la vivienda, la sostenibilidad, el territorio o la calidad de los servicios públicos. Pero creo que hay otra cuestión importante: una ley no es únicamente el resultado del trabajo del Gobierno y de los grupos parlamentarios. En su tramitación también pueden participar los ciudadanos, los colectivos y los sectores afectados, y para mí esa participación es fundamental. Tenemos un ejemplo muy claro precisamente en materia turística. Durante la tramitación de la Ley de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de Viviendas, la plataforma de participación ciudadana del Parlamento recibió 990 comentarios, cuando la media habitual es de 26 por iniciativa. Creo que ese dato refleja perfectamente hasta qué punto existía interés social por participar en este debate. Y eso también forma parte de cómo entiendo el Parlamento: una institución que no puede vivir de espaldas a la sociedad, sino que debe abrir sus puertas, escuchar y facilitar que los ciudadanos participen en los asuntos que les afectan.
Después está, por supuesto, el trabajo de los grupos parlamentarios. No todos tienen que pensar igual y las diferencias forman parte de la democracia, pero cuando existe capacidad de diálogo y de acuerdo, las leyes avanzan mejor. La Ley de Municipios Turísticos es otro buen ejemplo. Municipios gobernados por distintas formaciones políticas fueron capaces de ponerse de acuerdo para plantear una necesidad común. Por tanto, más que hablar de un mayor “entusiasmo” de una consejería, hablaría de una combinación de factores: una realidad que necesitaba respuestas, una demanda social evidente, participación ciudadana y capacidad de diálogo político e institucional.
No hay que elegir entre turismo o bienestar, hay que conseguir que ambos sean compatibles
P: Porque, para que los lectores lo entiendan, ¿cómo se tramitan las leyes? ¿De dónde surgen?, ¿cuáles se priorizan?, ¿hay circunstancias que pueden llevar a una tramitación más rápida (pactos, consensos, etc.)?
R: Una ley puede llegar al Parlamento por diferentes vías. Puede hacerlo como proyecto de ley remitido por el Gobierno, como proposición de ley de los grupos parlamentarios o mediante otras iniciativas reconocidas por nuestro ordenamiento, incluida la iniciativa legislativa popular. De hecho, en esta legislatura hemos tenido ejemplos muy importantes de participación directa de la ciudadanía, como la Ley de Volcanes o la Ley de Protección del Arbolado.
A partir de ahí comienza el procedimiento parlamentario: la iniciativa se califica, se publica, se abre el correspondiente periodo de enmiendas y comienza el trabajo parlamentario hasta llegar, en su caso, al debate y votación en Pleno. Y quiero hacer una precisión importante: la Presidencia del Parlamento no decide qué ley es políticamente más importante. Mi responsabilidad como presidenta es garantizar que las iniciativas se tramiten conforme al Reglamento y que todos los grupos puedan ejercer sus derechos. Y después hay algo que no aparece escrito en ningún procedimiento, pero que es fundamental: el diálogo. Cuando existe voluntad de acuerdo, evidentemente es mucho más fácil avanzar.
P: ¿Cuáles cree que son los siguientes retos en materia turística a los que tiene que hacer frente Canarias a nivel legislativo?
R: Creo que el gran reto se puede resumir en una palabra: equilibrio. Canarias tiene que ser capaz de compatibilizar su principal motor económico, que es el turismo, con la protección de un territorio que es limitado y de un enorme valor ambiental; pero también con la necesidad de disponer de vivienda residencial, con los derechos derivados de la propiedad privada y, en definitiva, con la calidad de vida de quienes vivimos aquí. Ese equilibrio no siempre es sencillo. Tenemos que seguir avanzando en sostenibilidad, renovación de los espacios turísticos, infraestructuras, movilidad, formación y calidad del empleo y, sobre todo, en conseguir que la riqueza que genera el turismo tenga un retorno cada vez mayor en la sociedad canaria.
Y desde el punto de vista legislativo hay otro reto que considero fundamental: la seguridad jurídica. Las normas tienen que ser claras, eficientes y ofrecer certezas tanto a los ciudadanos como a las administraciones y a quienes desarrollan una actividad económica. Durante muchos años hemos medido nuestro éxito turístico fundamentalmente por el número de visitantes. Creo que debemos hablar cada vez más de calidad, de gasto en destino, de competitividad, de sostenibilidad y de retorno social. El reto no es elegir entre turismo o bienestar. Es conseguir que ambos sean compatibles.

Astrid Pérez, presidenta del Parlamento de Canarias
P: Su carrera ha estado estrechamente vinculada a la isla de Lanzarote; ¿qué puntos fuertes cree que tiene la isla como destino turístico?
R: Puedo decir con total seguridad que Lanzarote tiene algo que es muy difícil de conseguir y todavía más difícil de copiar: tiene identidad. Tenemos un paisaje absolutamente singular y una relación entre naturaleza, arquitectura, arte y territorio que nos diferencia de prácticamente cualquier otro destino. Y ahí, evidentemente, tenemos que reconocer el legado de César Manrique y de tantas personas que entendieron hace décadas que el desarrollo turístico de Lanzarote tenía que hacerse respetando la isla.
Y los datos demuestran la fortaleza del destino. En 2025 recibimos más de 3,4 millones de turistas y alcanzamos una ocupación alojativa media del 85,6 %. Pero para mí hay un dato todavía más interesante: en el primer trimestre de 2026 Lanzarote alcanzó un gasto turístico medio de 198,64 euros por turista y día, el mayor de Canarias. Creo que precisamente ahí está una de las claves de nuestro futuro. Lanzarote no tiene que obsesionarse únicamente con crecer en número de visitantes. Tenemos que apostar por generar más valor, por la calidad y por conseguir que esa riqueza revierta cada vez más en nuestra sociedad.
Tenemos clima, playas, gastronomía, cultura, deporte, unos Centros de Arte, Cultura y Turismo únicos y, sobre todo, tenemos algo que a veces no ponemos suficientemente en valor: las personas que cada día cuidan nuestro principal motor económico. Quiero reconocer el trabajo de todos los profesionales del sector turístico, de quienes trabajan en nuestros hoteles y establecimientos alojativos, pero también de nuestros autónomos, de la restauración, de los pequeños negocios y, muy especialmente, de nuestro comercio local. Porque muchas veces son ellos quienes tienen el contacto más directo con quienes nos visitan y quienes mejor transmiten nuestra forma de ser, nuestra cercanía y nuestra identidad. Un pequeño comercio, un restaurante familiar o cualquier profesional que atiende cada día a quienes nos visitan también construye la imagen de Lanzarote. Son, en muchos casos, nuestros mejores embajadores. Por eso, cuando hablamos de la fortaleza turística de Lanzarote, no podemos hablar solamente de cifras, de hoteles o de infraestructuras. Tenemos que hablar de las miles de personas que consiguen que quien nos visita quiera volver. De ahí que crea sinceramente que no tenemos que competir en parecernos a otros destinos. Nuestra fortaleza está justamente en lo contrario: en seguir siendo Lanzarote.
P: ¿En qué aspectos es necesario trabajar en un futuro próximo?
R: Indiscutiblemente en calidad, renovación y sostenibilidad. Lanzarote no necesita crecer de cualquier manera. Necesitamos mejorar nuestras infraestructuras, nuestros espacios turísticos y nuestros servicios públicos; avanzar en movilidad; cuidar nuestro paisaje y nuestro patrimonio y apostar cada vez más por un visitante que valore precisamente aquello que nos hace diferentes. Y tenemos que ser muy conscientes de algo: nuestro territorio es limitado. Esa condición insular nos obliga a ser especialmente responsables con la planificación. Pero hay otro aspecto que para mí es fundamental: los lanzaroteños tienen que percibir los beneficios del turismo en su vida cotidiana. El turismo tiene sentido si genera empleo de calidad, oportunidades para nuestros jóvenes, actividad para nuestros comercios y restaurantes y recursos para tener mejores servicios públicos. Tenemos un destino extraordinario. Nuestra responsabilidad es cuidarlo, mejorarlo y transmitirlo a las siguientes generaciones sin perder aquello que precisamente lo ha hecho único.
P: Ha sido alcaldesa de Arrecife, consejera del Cabildo de Lanzarote y ahora presidenta del Parlamento de Canarias…¿qué papel juega cada una de estas instituciones a la hora de impulsar la estrategia turística de un destino?
R: Son tres perspectivas completamente distintas y haber pasado por las tres te permite entender algo fundamental: ninguna administración puede hacerlo sola. El ayuntamiento es probablemente donde más directamente se percibe el turismo. Es quien cuida la ciudad, la limpieza, los espacios públicos, la movilidad, el comercio y muchos de los servicios que utiliza tanto el vecino como quien nos visita. Cuando fui alcaldesa de Arrecife lo comprobé perfectamente: un buen destino turístico empieza por ser una buena ciudad para quienes viven en ella. El Cabildo aporta la visión insular y tiene un papel esencial en la planificación, la promoción, las infraestructuras y la coordinación entre municipios. Y en Lanzarote tenemos además una singularidad extraordinaria, los Centros de Arte, Cultura y Turismo, que forman parte de nuestra identidad y de nuestra oferta turística. El Parlamento tiene otra responsabilidad: crear marcos normativos claros, debatidos y con seguridad jurídica que permitan a las distintas administraciones ejercer sus competencias.
Y después de haber estado en las tres instituciones tengo muy claro algo: los ciudadanos no entienden de conflictos competenciales y el turista tampoco. El turista no distingue si una carretera depende de una administración, una playa de otra o una determinada infraestructura de una tercera. Percibe Lanzarote. Percibe Canarias. Por eso la coordinación institucional no es una opción. Es una obligación. Cada administración tiene sus competencias, pero todas debemos tener un mismo objetivo: mejorar la calidad de vida de quienes viven aquí y ofrecer el mejor destino posible a quienes nos visitan.
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