El ataque armado registrado en la zona arqueológica de Teotihuacán (México) ha obligado a las autoridades a replantear de forma urgente los protocolos de seguridad en destinos turísticos y sitios arqueológicos. El suceso, que dejó una víctima mortal y 13 heridos —todos fuera de peligro—, ha sido calificado como un episodio inédito en este tipo de enclaves, frecuentados cada año por millones de visitantes.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuestionó públicamente los controles de acceso en estos espacios al señalar que “quizá la pregunta es: ¿cómo es que entra con un arma?”, reconociendo la ausencia histórica de sistemas de seguridad como arcos detectores. Aunque insistió en que se trata de un hecho aislado, avanzó que se adoptarán nuevas medidas para evitar que se repita una situación similar.

El Gobierno ha anunciado un refuerzo inmediato de la seguridad, con mayor presencia de la Guardia Nacional, incremento de las revisiones preventivas y mejoras en los sistemas de vigilancia. Según explicó el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, también se intensificarán el patrullaje físico y cibernético, así como la coordinación con la Secretaría de Cultura para revisar los protocolos de acceso. Desde el Ejecutivo se admite que la implantación de controles más avanzados requerirá tiempo, pero se considera ya una prioridad.

En paralelo, otros enclaves turísticos han comenzado a aplicar medidas preventivas. Es el caso de Chichén Itzá, que ha restringido temporalmente el acceso con mochilas. Los visitantes deberán dejarlas en consigna o en sus vehículos antes de entrar, en una decisión que busca reforzar la seguridad tras lo ocurrido en Teotihuacán. Las autoridades han subrayado que se trata de una medida puntual, aunque no descartan ampliarla en función de la evolución de la situación.

El refuerzo de controles se produce en un contexto en el que estos espacios combinan una alta afluencia turística con la necesidad de preservar el patrimonio. La revisión de protocolos muestran el cambio de enfoque en la gestión de la seguridad en destinos culturales, donde hasta ahora el riesgo se consideraba mínimo.