Barcelona es la única que no permite en absoluto a los turistas hacer uso de su sistema público de bicicletas, Bicing, y así va a seguir siendo después de que el Ayuntamiento haya rechazado abrirlo a los visitantes esporádicos.
El partido político Junts proponía abrir el servicio de bicicletas compartidas al público en general por primera vez desde que se implantó en marzo de 2007; eso sí, obligando a los foráneos a pagar una tarifa superior al de los locales —fórmula adoptada por muchas otras ciudades a lo largo y ancho del mundo—. Si bien la medida se planteaba como una forma de recaudar más dinero para invertirlo en la mejora del servicio, ha sido rechazada por la mayoría de fuerzas rivales. “Podría ser un caballo de Troya que pusiera en riesgo la calidad del Bicing”, ha resumido Laia Bonet, teniente de alcalde de Urbanismo y Movilidad.
Todos temen “destruir” un sistema que cuenta con unas 8.000 bicicletas y 557 estaciones para 160.000 abonados que mantiene una premisa firme desde su concepción: Bicing “no es un sistema público de alquiler de bicicletas para uso turístico o recreativo. Es un medio de transporte y un complemento ideal al transporte público convencional de la ciudad”, tal y como remarcan en su propia web.

“Es un servicio pensado para ciudadanos de Barcelona, no para el turismo”
Redirigen a todos los que buscan una ruta turística a hacer uso de otros servicios de alquiler de bicicletas privados autorizados por el Ayuntamiento, como es el caso de las empresas turísticas especializadas o las más genéricas como Ride, Donkey Republic o Bolt, entre muchas otras.
“Bicing es un servicio pensado para ciudadanos de Barcelona, no para el turismo, ya que para los visitantes eventuales de la ciudad hay una amplia oferta de empresas de renting de bicicletas”, remarcan en la sección de preguntas y respuestas de su web.

Además, para garantizar que al servicio acceden los usuarios residentes o que frecuentan habitualmente la ciudad, en el momento del alta se solicita un DNI o NIE válido asociado al titular del abono.
Barcelona es única
La postura de Barcelona es única en el mundo, ya que el resto de ciudades han optado por modelos más comedidos a la hora de “limitar” el acceso a turistas, muchos más parecidos a lo propuesto por Junts: es decir imponen requisitos de residencia a los planes de abono anual que, en muchos casos, son los que ofrecen las mejores tarifas.
En estos casos se suele optar por exigir una dirección local, cuenta bancaria local o prueba de residencia, mientras que el turista solo tiene acceso a pases diarios o de unos pocos días.
Uno de los ejemplos más representativos es TFI Bikes, sistema de bicicletas compartidas financiado por el estado irlandés disponible en ciudades como Dublín o Cork (Irlanda) cuyo precio anual es extremadamente bajo (10 euros al año), mientras que los visitantes extranjeros deben comprar el abono de 3 días por 3 euros.
Modelos similares se aplican en otras urbes como París (Francia) con su sistema Velib, cuyo abono de larga duración requiere una dirección postal francesa y una cuenta bancaria. Mientras que el billete de 24 horas tiene un coste de 5 euros, el abono anual con prestaciones similares tiene una tarifa de 9,30 euros al mes.
Está por ver si, con el paso del tiempo y constante crecimiento de los flujos turísticos, el resto de grandes ciudades seguirá los pasos de Barcelona o si la capital catalana terminará sucumbiendo y abriendo su sistema a los visitantes foráneos.


