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El fenómeno de los pasajeros que solicitan asistencia para personas con movilidad reducida (PMR) sin necesitarla realmente sigue expandiéndose por los aeropuertos de todo el mundo. Ahora también ha llegado a República Dominicana. En las últimas semanas se han viralizado en redes sociales varios vídeos grabados en el Aeropuerto Internacional de las Américas (Santo Domingo) que muestran largas filas de viajeros en silla de ruedas esperando para embarcar.
Las imágenes han ido acompañadas de mensajes en los que usuarios denuncian que muchas de estas solicitudes podrían corresponder a pasajeros que utilizan el servicio para evitar desplazamientos por la terminal o agilizar sus trámites aeroportuarios, lo que dificultaría la atención de personas que realmente necesitan asistencia. Aunque no existen datos oficiales que permitan cuantificar el alcance del fenómeno en el país, las publicaciones han generado un intenso debate entre viajeros y profesionales del sector.
Los viajeros buscan evitar colas, embarcar antes o simplemente no perderse en grandes terminales aeroportuarias
La situación recuerda a casos ya documentados en otros grandes aeródromos internacionales, como el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas donde aerolíneas y operadores aeroportuarios han alertado del aumento de peticiones de asistencia PMR. Según fuentes del sector consultadas anteriormente por Tourinews, entre los usuarios que recurren a este servicio sin limitaciones físicas reales figuran viajeros que buscan evitar colas, embarcar antes o simplemente no perderse en grandes terminales aeroportuarias.
La cuestión adquiere una especial relevancia en República Dominicana, donde el turismo constituye uno de los principales motores económicos. La imagen de largas colas para acceder a servicios de asistencia destinados a pasajeros con movilidad reducida puede generar una percepción negativa entre los visitantes y proyectar una sensación de saturación o uso indebido de recursos esenciales dentro de los aeropuertos.
Mientras las redes sociales continúan difundiendo nuevos vídeos y testimonios, el debate vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de encontrar fórmulas que permitan proteger la accesibilidad de quienes realmente necesitan estos servicios sin perjudicar la experiencia de los viajeros ni la reputación de destinos altamente dependientes de la actividad turística.




