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El histórico complejo hotelero de Bonmont, en la Costa Daurada (Taragona), inicia una nueva etapa tras más de dos décadas de proyectos fallidos con una inversión superior a los 50 millones de euros. Rebautizado como Bongolf, el desarrollo aspira a posicionarse como un referente internacional del turismo de lujo vinculado al golf, en un contexto marcado por la futura celebración de la Ryder Cup 2031 en Catalunya.
El plan contempla la rehabilitación integral del hotel, que contará con más de 130 habitaciones de cinco estrellas, la creación de residencias asociadas a marca, la modernización del campo de golf —diseñado por Robert Trent Jones Jr.— y la mejora de todas las infraestructuras. El objetivo es situar esta instalación entre los diez mejores campos de España y consolidar el destino en el segmento premium.
Según recoge El Periódico, el proyecto generará más de 200 empleos directos, con una fuerte apuesta por la contratación local, aunque todavía no se ha definido la cadena hotelera que gestionará el establecimiento. Los promotores destacan el potencial del enclave para atraer turismo internacional de alto poder adquisitivo y contribuir a la desestacionalización.
El complejo arrastra una larga trayectoria de intentos fallidos desde mediados de los años 2000, cuando se proyectó inicialmente como un resort de lujo bajo la marca Sheraton con una inversión de 60 millones de euros. La crisis financiera de 2008 paralizó las obras con el hotel prácticamente terminado, y un segundo intento de apertura en 2019 bajo la marca Westin también fracasó tras no superar las auditorías exigidas por Marriott, lo que derivó incluso en un ERE que afectó a 49 trabajadores.
El punto de inflexión llegó entre 2024 y 2025 con la entrada de Grupo Costa, que adquirió el activo en concurso por 6,7 millones de euros tras una rebaja significativa en su precio de salida. La alianza con Arum Group ha permitido relanzar el proyecto con una nueva estrategia enfocada en el turismo de golf.
Con la vista puesta en 2031, el complejo busca aprovechar el impulso de la Ryder Cup para integrarse en el circuito internacional de competiciones y reforzar el posicionamiento de la Costa Daurada como destino deportivo y de lujo. Las previsiones apuntan a una reapertura progresiva a partir de 2026, comenzando por el campo de golf.


