Opinión
Del lujo digital al timo perfecto: reservas, IA y sentido común
Donde hay tecnología puntera, siempre aparecen los piratas que son capaces de inventarse marcas completas o suplantar la identidad de operadores turísticos reales
Confieso que cada vez me cuesta más fiarme de lo que veo. Y no hablo de titulares sensacionalistas ni de promesas de marketing infladas, que de eso ya íbamos vacunados. Hablo de algo más profundo, más inquietante: de imágenes, vídeos y voces que parecen reales… y que no lo son.
La inteligencia artificial ha avanzado tanto que hoy es capaz de generar contenidos imposibles de distinguir, al menos para la mayoría de los mortales. Fotos perfectas, vídeos impecables, voces que podrían ser la de tu madre o la de tu CEO. Todo encaja. Todo parece auténtico. Y ahí está el problema.
Los más jóvenes, los de la generación Z, todavía conservan cierto radar. Detectan matices, inconsistencias, pequeños fallos. Los de la generación X ya empezamos a dudar seriamente cuando la calidad es alta. Y los boomers, con todo el cariño, se creen casi todo.
Este nuevo escenario tiene un lado brillante, por supuesto. En el ámbito hotelero, por ejemplo, la IA es una herramienta extraordinaria para la eficiencia operativa, la atención al cliente o el marketing. Bien utilizada, es una aliada. El problema es que no siempre se utiliza bien. O, mejor dicho, no siempre la utilizan los buenos.
Porque donde hay tecnología puntera, siempre aparecen los piratas. Y estos no pierden el tiempo. Hoy son capaces de inventarse marcas completas o, lo que es aún peor, suplantar la identidad de operadores turísticos reales. Y el resultado es devastador: vacaciones arruinadas para personas que han ahorrado durante meses, incluso años, para darse un respiro merecido.
Los casos se multiplican. Personas que reservan y pagan sus vacaciones y, al llegar al destino, descubren que el hotel no existe. O que existe, pero no hay ninguna reserva. O que el establecimiento hace tiempo que dejó de trabajar con esa plataforma, aunque sigue anunciándose. En España y en otros países europeos ya hemos visto de todo: direcciones falsas, negocios que nunca abrieron, viajeros literalmente en la calle con la maleta en la mano.
Por eso, aunque suene repetitivo, es vital reservar siempre —y digo siempre— a través de las plataformas oficiales de las propias cadenas hoteleras, de las aerolíneas o de OTAs de reconocido prestigio. No es una cuestión de precio, es una cuestión de seguridad.
Y no hablo desde la teoría. Hace dos semanas me vi yo mismo afectado por un intento de estafa que, de no haber reservado en un canal serio, se habría materializado.
Buscaba un alojamiento con unas características muy concretas, para un fin de semana en una ciudad europea. No encontraba nada que encajara… hasta que apareció uno perfecto. Demasiado perfecto, quizá. Reservé casi sin pensarlo. Acto seguido, recibí un mensaje con un enlace para realizar el pago. Lo hice. El alojamiento tenía 180 reseñas muy positivas, un 9,8 sobre 10 y un histórico de dos años. Todo parecía en orden.
Quise ser previsor y entré en Google Maps para localizar el alojamiento y el parking, ya que era una zona muy céntrica con acceso restringido al tráfico. No fui capaz de encontrarlo. Escribí al alojamiento para preguntar. No me contestaron. Llamé por teléfono. Sonaba y sonaba, pero no lo cogían.
Al día siguiente llegó el shock. Vuelvo a entrar en la ficha del alojamiento y veo 15 reseñas nuevas, todas con un punto. Clientes contando que el alojamiento no existía, que se habían presentado allí y era falso. Surrealista. De lo más surrealista que he visto en mucho tiempo.
Lo positivo es que todo esto ocurrió dentro de Booking.com. No sé cómo, sinceramente, no he logrado entender ni me han contado cómo un alojamiento inexistente pudo colarse en la plataforma, crear dos años de histórico y 180 reseñas positivas, pero ocurrió.
Reclamé de inmediato. Desde Booking.com, en todo momento, me transmitieron tranquilidad: si el banco no me devolvía el dinero, lo harían ellos. Uso un neobanco para mis viajes, y la respuesta que me dieron dan para otro artículo… y no precisamente amable. Se lavaron las manos. Documenté todo y, tal y como habían prometido, Booking.com devolvió el importe a mi monedero.
Y aquí es donde me hago la pregunta clave: ¿qué habría pasado si en lugar de una plataforma reconocida hubiera sido uno de esos “piratillas” que, asombrosamente, como gancho, ofrecen lo mismo un 30 % más barato? La respuesta es evidente: nadie habría respondido, nadie habría devuelto nada. Servicio inexistente en una plataforma de humo donde no se podría reclamar.
Así que, en este nuevo mundo digital en el que cada vez cuesta más distinguir lo real de lo falso, quizá lo más sensato sea volver a lo básico. Desconfiar de los cantos de sirena. Pagar un poco más si hace falta y, sobre todo, ir a lo seguro.
Porque unas vacaciones no son un capricho cualquiera. Son ilusión, descanso y, muchas veces, un esfuerzo enorme detrás. Y eso no debería estar nunca en manos de un algoritmo mal utilizado o de un pirata con buena imaginación.
*José Ángel Vázquez Romero es director del Hotel H10 Timanfaya Palace (Lanzarote), director del área de Alojamientos Turísticos del Colegio Profesional de Turismo y miembro del claustro en el MBA Turismo del Instituto Canario de Turismo
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