Opinión

Hay vida sin Ryanair

El único aeropuerto que realmente sufre un derrumbe es Santiago-Rosalía de Castro y aquí no basta con echarle la culpa a la low cost irlandesa

Los aeropuertos crecen con la salida de la irlandesa. Santiago, en cambio, arrastra el parón como una losa.

El relato oficial del conflicto entre Ryanair y Aena, con Óscar Puente y Michael O'Leary intercambiando acusaciones en bucle, nos ha vendido una idea simple: si Ryanair se enfada, España se hunde. Los datos oficiales de tráfico de Aena, correspondientes al cuatrimestre abril-julio de 2026, dibujan una realidad muy distinta y mucho más matizada. La salida de Ryanair no es una sentencia de muerte. Es, en la mayoría de los casos, una oportunidad que otras aerolíneas están aprovechando.

El caso Santiago: una tormenta perfecta


El único aeropuerto que realmente sufre un derrumbe es Santiago-Rosalía de Castro. Y aquí no basta con echarle la culpa a la low cost irlandesa. Entre abril y julio, la terminal compostelana ha pasado de 1,23 millones de pasajeros a 778.891, una caída del 37,1% que le ha costado casi medio millón de viajeros. Pero Santiago no ha sufrido una retirada: ha sufrido un parón. Literal.

El aeropuerto gallego estuvo cerrado 35 días, del 23 de abril al 27 de mayo de 2026, para acometer la renovación del ILS y la regeneración del pavimento de la pista, las obras más importantes de la última década. A eso hay que sumar el cierre de la base de Ryanair, que operaba como hub regional. El resultado es una losa que no arrastra el "repliegue" de una aerolínea, sino la coincidencia de dos golpes simultáneos: una infraestructura inoperativa durante más de un mes y la pérdida de la principal operadora de la base.

El efecto dominó que no fue


Fuera de Santiago, el "tijeretazo" de Ryanair tiene efectos mucho más modestos de lo que el titular apocalíptico sugeriría. Tenerife Sur cae un 6%, Lanzarote un 1,4% y Fuerteventura un 2,8%. Cifras negativas, sí, pero lejos del colapso. Girona y Zaragoza bajan un 7%, castigadas por la disputa comercial, pero resisten.

El dato revelador está en el otro lado del mapa. Mientras Ryanair reducía, Vueling, Volotea, Wizz Air y otras compañías han ocupado el vacío con crecimientos espectaculares:

  • Valladolid: +76,2%
  • Jerez: +18,4%
  • Asturias: +12,5%
  • Santander: +7%
  • Vigo: +6,8%

Cinco aeropuertos que estaban en la lista de ajuste de la irlandesa y que, lejos de desplomarse, han superado ya las cifras del año pasado.

El mercado aéreo no es un monopolio de una sola compañía: es un ecosistema que, cuando existe demanda real, se recompone.

El drama de Santiago no es el drama de España. Los 518.000 pasajeros perdidos entre abril y julio se concentran, en su inmensa mayoría, en una terminal que no podía operar físicamente durante más de un mes. El resto del sistema demuestra que hay vida sin Ryanair, siempre que la política aeroportuaria no ponga todos los huevos en la misma cesta.

Santiago pagará caro su doble parón durante meses. El resto del país, sin embargo, ya ha demostrado que el cielo español es más grande que una sola aerolínea.

 

*Josep Bernat es director de Nuk Consultants

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