Opinión

Comparando medidas Covid-19: España a la cola de un simple viaje

El aeropuerto de Estambul se lleva la palma, parece un espacio quirúrgico. En cada baño hay dos personas de limpieza, que limpian y desinfectan de manera automática el espacio que se usa

Hoy, quiero hacer una pequeña comparación sobre las medidas anti Covid en cinco de los aeropuertos que he visitado en dos días: Tenerife Norte, Madrid, Viena (Austria), Turquía y Tashkent (Uzbekistán).

Tenerife Norte

El aeropuerto de Tenerife Norte ha sido el punto de salida. Siempre me gusta llegar tempranito cuando viajo, incluso antes de las dos horas reglamentarias que las compañías aconsejan. A la llegada, poca gente a la vista, está claro que esto no es lo que era en la misma época un año atrás y, aunque se agradece por el poco estrés que se padece, se echa de menos el tumulto de la gente corriendo de un lado para otro, lo cual era sinónimo de cierta estabilidad social, sanitaria, por supuesto, y económica, pero ese es otro tema.

La sensación de sentido común es palpable en cuanto al uso de la mascarilla, pero hacer cola en los mostradores para facturar es otra historia; no se respeta las distancias, aunque sean mínimas, y tampoco hay nadie que regule sutilmente este inconveniente. Todos los mostradores están protegidos entre el empleado y el cliente con los acrílicos que estamos viendo, a menudo, en todas partes, pero no es un estándar, más bien cada uno pone lo que quiere o se puede permitir. El total de los empleados del aeropuerto lleva mascarilla en todo momento. Otra cosa interesante: se respetan los turnos del ascensor, con capacidad para tan solo tres personas por viaje, pero como el aforo no es mucho, la espera tampoco es tanta. 

Este primer vuelo lo hice con Ryanair, compañía polémica donde las haya, pero tengo que decir que no todo es malo. Un detalle importante es que para acceder al avión se hace por grupos de unas 20 personas, dándoles un tiempo prudencial para que se puedan acomodar sin aglomeraciones en el pasillo, una vez a bordo. Por supuesto, nadie sin mascarilla durante todo el vuelo; el aire en cabina renovándose constantemente, a veces quizás demasiado por el frío que produce, pero se agradece la intención. El vuelo iba prácticamente lleno y sin espacios vacíos entre viajeros, no esperaba ningún test pero sí, quizás, algún formulario informativo de viaje, que en ningún momento se hizo.  

Aeropuerto Tenerife Norte | Foto: Diario de Avisos

Madrid-Barajas

Primera parada en Madrid-Barajas, llego a la terminal 1 y no salgo porque tengo conexión con Viena. La terminal 1 estaba prácticamente desierta, todo cerrado, ni un solo comercio abierto, megafonía anunciando de vez en cuando las medidas de seguridad, pero poco más. Algunos asientos marcados por el signo de prohibido, algunas marcas en el suelo que definen la distancia de seguridad y ya… Inversión cero para el caos que anuncian los medios de comunicación. Sensación de falta de limpieza y abandono de la situación.

La conexión con Viena la tengo también con Ryanair pero, en este caso, nada de lo acontecido en Tenerife a la hora de subir al avión; por grupos, sí, pero sin tiempo definido, una mera rutina para embarcar de atrás hacia delante.

Viena

Llegamos a Viena y parece que la cosa se ve de otra forma. Vuelvo a tener conexión, en este caso con Estambul, por lo que no salgo de la terminal de llegadas para conectar con mi siguiente puerta. En cualquier caso, si vas a por las maletas o si conectas con otro vuelo, te vas a encontrar con un control de militares rastreadores de Covid-19. Obligatoriamente tienes que rellenar el formulario que te tendrá localizado hagas lo que hagas. En la terminal de Viena se ve bastante gente para como está todo, marcas de distancia de seguridad por todas partes, especialmente suelo y butacas; en los baños públicos se anuncia con cartelería, que el Covid sigue aquí. Me he topado con varios funcionarios del aeropuerto en patinete eléctrico, que se dedican exclusivamente a llamar la atención a todos los que incumplan la distancia y vayan con la mascarilla mal puesta. La sensación de limpieza e higiene se palpa especialmente.

 

Llego a la puerta de embarque para salir de nuevo, en este caso con Turkish Airlines y dirección a Estambul. Dentro del avión hay bastante espacio, por lo que casi en todos los asientos se mantiene la distancia de seguridad, dejando el de en medio libre. Deduzco que los que ocupan al completo las filas de tres son familia. Antes de llegar, te entregan un formulario para rellenar, que debes dejar a la llegada en el control de rastreo, que también lo tienen.

Estambul

El aeropuerto de Estambul se lleva la palma. Impresionante, parece todo un espacio quirúrgico. Aquí también hay funcionarios con patinete dando vueltas continuamente y llamando la atención a la gente pero de manera cordial. En los baños públicos, como diría mi abuela, puedes comer en el suelo de lo limpio que está. En cada baño público hay dos personas de limpieza fijas, que limpian y desinfectan de manera automática el espacio que se usa en cada momento, los lavamanos están separados también por protectores, al igual que los urinarios. En la pared encontrarás un formulario con las horas de limpieza, quién lo limpia y su firma.

Las colas para facturar existen, pero están totalmente reguladas por el personal del aeropuerto que se encarga del cumplimiento de las normas de distanciamiento y seguridad, al igual que en la entrada a los controles de seguridad. En este aeropuerto todos los comercios están abiertos, pero también muy bien regulados, tanto el aforo de cada local como el flujo a seguir.

 

Uzbekistán 

El último vuelo de este viaje relámpago lo hago con Uzbekistán Airways. Todo el personal de cabina está debidamente equipado con EPIS completos, que cubren todo el cuerpo. A la pregunta de por qué lo llevan, una de las azafatas me comenta que por la cantidad de personas a las que han estado expuestas y en contacto ese mismo día y, además, me cuenta que se cambian de EPI en cada vuelo. La comida la sirven en unas bolsas de papel desechable y todo envasado al vacío desde el origen de su manipulación. Esta compañía tiene un convenio con el Gobierno, por el que ambas partes se encargan de la cuarentena que tienen que cumplir quienes entren a Uzbekistán. Es decir, cuando llego al aeropuerto de Tashkent me requisan el pasaporte, me llevan a un hotel y allí estaré un mínimo de cinco días y un máximo de 14, sin salir de la habitación y sin ningún gasto por mi parte. La diferencia de días se debe a que, a los dos días después de mi llegada, me hacen un 'test Covid', los resultados se entregan entre uno y tres días después, por la cantidad de test que tienen que comprobar a diario. Si doy positivo, me quedo en el hotel hasta cumplir los 14 días, momento en el que me harían un nuevo test. Si doy negativo en la primera prueba, me entregan el pasaporte al quinto día de mi llegada y puedo, así, continuar mi viaje. De esta manera, se aseguran de que quien entra al país está libre de Covid, sea local o extranjero.

Conclusión: como españoles que somos, nos encanta dar ruedas de prensa, hablando y hablando — estupideces por lo general—, ser el punto de atención para que el mundo se crea todo lo que contamos. Nos encanta darnos golpes en el pecho diciendo lo buenos que somos y de lo que seremos capaces de hacer, nos encanta… pero la realidad es que, mientras nosotros hablamos, otros actúan y reaccionan, y a la vista está, dentro y fuera de Europa con el Covid-19, se ríen de nosotros. El sector turístico esperando por los políticos y los políticos que no saben ni dónde tienen la mano derecha. Un país sin capitán y los marineros esperando a que el barco se hunda.

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