Hoy se cumplen 20 años de la inauguración de la Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, una infraestructura que marcó un antes y un después en la aviación en España.

Pero más allá de la arquitectura espectacular diseñada por Richard Rogers y Antonio Lamela, para muchos de los que trabajábamos entonces en el aeropuerto, aquel día tuvo también un significado muy práctico… casi diría operativo y hasta emocional.

Yo lo recuerdo perfectamente.

En aquella época trabajaba en el aeropuerto con una compañía que operaba desde las terminales 1, 2 y 3, y la sensación era clara: Barajas empezaba a quedarse pequeño. El volumen de operaciones, pasajeros y compañías hacía que todo estuviera cada vez más ajustado.

Y entonces llegó la T4.

Con la marcha de compañías como Iberia a la nueva terminal, para los que nos quedábamos en la T1, T2 y T3 fue casi como cuando se muda el vecino del piso de al lado: de repente, el edificio respira un poco más.

Recuerdo perfectamente esa sensación de pensar: “Ahora quizá podamos trabajar con un poco más de espacio”.

Porque quienes hemos trabajado en operaciones aeroportuarias sabemos que los aeropuertos no son solo edificios icónicos o proyectos arquitectónicos. Son ecosistemas complejos, donde cada metro cuadrado cuenta y donde la operativa diaria depende de que todo encaje como un reloj.

Veinte años después, la Terminal 4 sigue siendo una referencia mundial, pero también es un recordatorio de algo muy importante: Detrás de cada terminal, cada vuelo y cada embarque, hay miles de profesionales que hacen que todo funcione.

Y muchos de nosotros guardamos recuerdos muy concretos de aquel momento en el que Barajas dio un salto enorme hacia el futuro.

¿Tú también recuerdas dónde estabas cuando se inauguró la T4?

 

*Nuria Placeres García es Fundadora & CEO de AirEvolution Jets & Training