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"Los turistas que visitaban el Rastro de Madrid han caído un 100%"

Manuel González, presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro Madrid, afirma que en la venta ambulante, "al ser al aire libre, la transmisión del virus, a priori, es más difícil que en un recinto cerrado"

“Igual que nuestras vidas van a dar al mar, todos los objetos de las personas adquieren un nuevo valor en el Rastro”. Así es como describe al mítico mercado madrileño Manuel González, presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro Madrid, en una entrevista en exclusiva para Tourinews. Este mercadillo, por el que han pasado algunos de los artistas e intelectuales más famosos de España, tiene más de 500 años de historia y forma parte “de la idiosincrasia de la ciudad”.

A causa de la pandemia, el Rastro Madrid estuvo cerrado durante nueve meses y, cuando reanudó su famosa actividad, se encontró con un panorama muy distinto al que estaba acostumbrado: “antes podían acudir 80.000 o 90.000 personas y ahora mismo no llegan ni a 5.000 a lo largo de una mañana dominical”, señala Manuel González. El presidente de la Asociación anima a la población a visitarlo, ya que se trata de un espacio “seguro”, y a disfrutar de un entorno “verdaderamente inigualable”.

Pregunta (P): ¿Qué es El Rastro?

Respuesta (R): El Rastro es un mercado singular, probablemente el más antiguo de Europa, que mezcla la tradición de los mercados tradicionales con los zocos árabes. Es un mercado que tiene 500 años de historia y que se remonta a los orígenes de los mataderos de reses, de ahí su nombre: los restos que dejaba la sangre de los bueyes sacrificados.
 


 

P: Para El Rastro, ¿qué supone el turista que visita Madrid?

R: El Rastro está en todas las guías nacionales e internacionales. Hay muy pocos mercados singulares de esas características, es el equivalente al Mercado de las pulgas de París o al Mercado de Londres. Realmente es un mercado antiguo, histórico, probablemente el más grande por extensión y donde han convivido desde siempre la venta de los puestos de calle con los comercios tradicionales que tenían que ver con el desarrollo de artesanía derivada de los restos de los despojos de los animales: las cuerdas de guitarra, el sebo, las velas, el cuero, etc. De ahí que muchas de sus calles tienen nombres de ese origen casi medieval: la Calle del Carnero, Ribera de Curtidores…

P: Cuando dice que convivían estos dos tipos de negocios o comerciantes, ¿se refiere a que quienes tenían una tienda en otra zona de Madrid ofrecían también sus artículos en el mercado?

R: No. El mercado aparece con una real orden de los Reyes Católicos, general para todo el territorio nacional, y que establecía que los mercados se tenían que instalar en las afueras de las ciudades, extramuros, cerca del río. Ahí es donde se establecen esos mercados, a partir de esa cédula de 1.496, que tienen que ver con el sacrificio y la venta de carne, pero también con toda la manipulación de los objetos que tienen que ver con el resto de los animales, como comentaba. A partir de ese momento, el mercado empieza a tener una serie de pequeños establecimientos de esa gente que se dedica a esa actividad. También aparecen los prenderos, que eran personas que vendían prendas de ropa que llevaban en cajas o en bandejas, a raíz, sobre todo, de que se instala la Corte en Madrid, con Felipe II, y mucha gente necesita comprar ropa u objetos que no podían comprar en tiendas tradicionales por su alto valor, por lo que se vienen a estos mercados de segunda mano.


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P: ¿El Rastro es solo un mercadillo o también es un atractivo turístico?

R: Sí, es un atractivo turístico. Para que te hagas una idea, el Rastro forma parte de la idiosincrasia de la ciudad desde hace 500 años, está lleno de vida, de escritores, de intelectuales como Ramón Gómez de la Serna, Galdós, Baroja… Es el río donde la gente encuentra los objetos y los reencarna; igual que nuestras vidas van a dar al mar, todos los objetos de las personas adquieren un nuevo valor allí. El mercado es la reencarnación de los objetos, es el segundo valor de todas las cosas que se van poseyendo, es la búsqueda del tesoro, la arqueología de lo olvidado. Es las cartas de amor que nunca llegaron, los ajuares que nunca se estrenaron. Es decir, el Rastro es la memoria perdida de la ciudad y, de nuevo, reencontrada.

P: ¿Qué ha sucedido desde que comenzó la pandemia y cuál es la situación actual?

R: La pandemia, lógicamente, nos llevó a un cierre absoluto de todos los establecimientos y, por supuesto, también al cierre del mercado popular del domingo, que es el de puestos de calle. A partir de ahí, hemos estado nueve meses cerrados, muchísimo más que el resto, porque esa zona dependía del Distrito Centro. La municipalidad cerró totalmente el mercadillo, aunque hubo negociaciones, pero los vendedores ambulantes no querían cambiar su ubicación argumentando que, lógicamente, los clientes no les iban a encontrar. Y eso ha supuesto nueve meses de inactividad total. Ahora se ha abierto, desde el 22 de noviembre, pero con unas limitaciones de aforo tremendas. Además, la gente ha dejado de venir. Los turistas [internacionales y nacionales] han caído un 100% y los lugareños que visitaban el mercado con normalidad son un 10% de las que antes podían acudir: antes podían acudir 80.000 o 90.000 personas y ahora mismo no llegan ni a 5.000 personas a lo largo de una mañana dominical.

P: ¿Cuál va a ser el futuro de estos comerciantes ambulantes? ¿Desaparecerán o lograrán mantenerse?

R: Yo creo que se mantendrán, lo que pasa es que, lógicamente, va a requerir de búsqueda de nuevas áreas. Incorporar, por ejemplo, a nuevos colectivos de artesanos, de emprendedores, de artistas plásticos, a personas de diseño de moda, de las facultades, de bellas artes… como Camden Town en Londres. Personas que puedan tener ese puesto y que puedan exponer su trabajo. [Joaquín] Sabina tiene una canción preciosa, precisamente, del principio de los años 90, que dice “iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte Monigotes de miga de pan, muñequitos de lata, pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata”. También representa el exilio. En los 80 llegaron compañeros de América Latina que encontraron en este mercado su puesto, su modus vivendi. Incluso, la famosa Movida Madrileña empezó allí; Almodóvar y sus primeras películas como Laberinto de pasiones, etcétera. Es decir, todas las personas que querían exponer, enseñar y exhibir cosas diferentes empezaron en El Rastro, porque era la única manera de poner tu puesto y enseñar tu trabajo a un gran colectivo de personas, para dar a conocer toda la creatividad y novedades que podías ofrecer.
 

Nuevo Rastro de Madrid

P: ¿Han recibido algún tipo de ayuda?

R: Por parte del Ayuntamiento, a los vendedores ambulantes se les ha eximido este año de pagar la tasa, que son como 250 euros anuales. Respecto a las tiendas, pues no. Hemos tenido, lógicamente, las ayudas gubernamentales, en el sentido de que, si tu actividad perdía más del 75% de sus ingresos, te podías acoger a la ayuda de autónomos.

P: Al ser al aire libre, ¿no es la venta ambulante lo que, precisamente, se recomienda en tiempos de Covid-19?

R: Yo creo que la venta ambulante es segura siempre que se cumplan las normas de salud pública. No hay ningún problema cuando la gente va a un local comercial normal y también coge los objetos, los prueba… Al ser al aire libre donde se guarda la distancia de dos metros y se cumplen las normativas, es un mercado donde la transmisión del virus, a priori, es más difícil que en un recinto cerrado.

El Rastro es un espacio público, abierto a todo el mundo y os invitamos que cuando vengáis a Madrid paséis por este espacio verdaderamente inigualable.

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