El pasado jueves Mick Mulvaney, jefe del Gabinete de la Casa Blanca, anunció que la próxima reunión del Grupo de los Siete (G7) tendrá lugar en el Trump National Doral de Miami (Florida, EE.UU.) uno de los complejos que pertenece al propio presidente estadounidense, Donald Trump.

Eso significa que en junio de 2020, uno de los establecimientos hoteleros de Trump se convertirá en el centro de los focos puesto que en él se concentrarán los líderes de los países más influyentes del mundo: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Y no sólo se desplazarán los equipos diplomáticos, sino que los medios de comunicación también intentarán hospedarse en el establecimiento con el fin de hacer un seguimiento más cercano a la cumbre.

Según publica Los Angeles Times, esto supondrá una gran oportunidad de publicidad para el negocio del mandatario estadounidense, aunque Mulvaney ha defendido que el presidente no obtendrá ningún beneficio y que la marca Trump “no necesita ayuda”. Ante la prensa argumentó que el National Doral fue elegido sobre otra decena de hoteles porque “era el mejor lugar”. "Se siguieron muchos de los criterios utilizados por las Administraciones anteriores", concluyó.

Lo cierto es que desde que Trump asumió la presidencia, los ingresos del Doral han caído: mientras que en 2016 obtuvo beneficios de 116 millones, en 2018 la cifra se redujo a 76 millones.

Anteriormente, Estados Unidos ha acogido la cumbre del G7 (G8 cuando Rusia formaba parte del grupo) en seis ocasiones, ya que la sede es rotatoria entre los miembros. En 2012, Barack Obama optó por celebrarlo en la casa de verano del gobierno estadounidense conocida como Camp David (Maryland). Por su parte, George W. Bush eligió en 2004 el complejo turístico Sea Island (Georgia).