Las patronales del sector turístico y sus lobbies se oponen a cualquier tipo de restricción a las corrientes turísticas. La patronal de Baleares, con motivo de la disputa sobre los cruceros, ya ha expresado su oposición a cualquier limitación o imposición fiscal, al igual que la de Canarias ante la posibilidad de que el nuevo Gobierno imponga una tasa sobre pernoctaciones.

Los argumentos suelen ser económicos, la importancia del turismo, la pérdida de competitividad y, recientemente, la tasa francesa al transporte aéreo y el surgimiento del movimiento 'vergüenza a volar', consecuencia ambas de la creciente preocupación por el medioambiente, dos argumentos que aparentemente son sólidos, pero alejados de la realidad.

El primero, léase cruceros o transporte aéreo, es que generan un porcentaje mínimo de los gases nocivos y que además las empresas están haciendo esfuerzos para mejorar la eficacia medioambiental de barcos y aviones. La segunda es que tasas, impuestos e incluso movimientos ciudadanos suponen limitaciones al derecho a viajar que tanto trabajo ha costado obtener.

Tengo la impresión de que no están captando las tendencias a favor de una mayor protección de nuestro mundo. Cuando señalan que antes deberían preocuparse de otras actividades que contaminan más se olvidan de que ya se están preocupando. El movimiento británico Extinction Rebellion se centra en el uso de las energías renovables, la Green Agenda de Alexandria Ocasio Cortez pretende que la protección medioambiental tenga lugar a través de todas las políticas y la propia Greta Thunberg se ha lanzado al movimiento Flygscam como una más, solo una más, de las propuestas.

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El tren se ha convertido en la principal alternativa al avión en Suecia, para los seguidores de la 'vergüenza a volar' | Foto: viajejet.com

Los verdes han tenido resultados magníficos en las recientes elecciones europeas, además de que ya son poderosos en países como Suecia y Alemania. En Europa nadie se atrevería a decir que oponerse a tasas medioambientales es defender la libertad de viajar, porque la respuesta inmediata es que más importante es el derecho a vivir.

Tan concienciada está la sociedad europea que hasta la clase política conservadora se ha enterado. La presidenta electa de la Comisión, la democristiana Ursula Von Der Leyen, ha presentado su programa ante el Parlamento Europeo con el objetivo de conseguir que, en 2050, Europa sea un nontinente neutral, que no emita más sustancias contaminante que las que pueda absorber. Para financiar los inmensos recursos necesarios, un billón de euros, quiere convertir al poderoso y desconocido Banco Europeo de Inversiones, al que controla la Comisión, en un Banco Climático.

Señaló también que todos los sectores económicos que contaminen, entre los que citó expresamente la aviación y el transporte marítimo, tendrán que contribuir, para lo que propondrá nuevos impuestos.

Un programa verde en toda regla, pero también un reconocimiento del aire político que se respira en Europa. Aun así el jefe de los verdes en el Parlamento Europeo, Philippe Lamberts, señaló que aunque era un progreso importante no dejaba de ser insuficiente.

 
Avión de iberia

Avión de iberia

Estoy esperando que un eurodiputado o un periodista diga que las propuestas de Von Der Leyen significan una limitación a la libertad de viajar.

Mejor harían nuestros empresarios y lobbies en ponerse al frente de la manifestación con propuestas claras -algunas ya hay, como las de Paradores, Iberia o la Patronal Hotelera de Tenerife- y las Administraciones impulsando las normativas adecuadas, no sea que de repente nos encontremos con que esos poderosos movimientos empiecen a proponer boicots a aquellas empresas o países, que no tengan un programa de protección del medioambiente que se considere adecuado.

Hay una magnífica oportunidad para convertir la amenaza en oportunidad. En vez de oponerse a las tasas e impuestos ambientales, que en España son de los más bajos de Europa, deberían luchar en favor del objetivo finalista de los fondos recaudados y solicitar mejoras en las líneas de crédito, para financiar los proyectos en favor de la eficiencia energética, por ejemplo.

Si España se promueve como un país Eco Frendly en materia de turismo -por supuesto, después de haber hecho los deberes- nos montaríamos sobre la ola medioambiental, en lugar de recibirla a pie firme y con el riesgo de que nos tumbe.