España debe vender clima, calidad y un ambiente seguro.

Todos los años por estas fechas la mayor parte de los periódicos dedican al turismo, reportajes, suplementos y editoriales, en general para repetir año tras año la necesidad de cambiar el modelo y de buscar nuevos clientes en los mercados emergentes. Antes se citaba Rusia y Japón, ambos olvidados por sus dificultades económicas y ahora sustituidos por China, Arabia Saudí y países del Golfo.

Lo del cambio de modelo, es decir la sustitución de un turismo basado en el clima por otro basado en la cultura, es una necesidad aceptada por la mayor parte de los que escriben sobre el asunto, aunque no por los expertos, que, casi a la fuerza, se ven obligados a reconocer que el modelo funciona y que lo que necesita es la continua puesta al día para aumentar la rentabilidad.

Incluso ha sido posible encontrar, en algunos artículos y editoriales de prensa recientes, el reconocimiento de que las visitas masivas a las costas son necesarias para mantener la oferta turística, para luego dedicar una parte importante del reportaje, cómo no, a los chinos, que deberían ser la salvación del sistema turístico, utilizando como argumento las estadísticas sobre el número de los que salen al extranjero, más de 100 millones el pasado año y creciendo rápido, y el dinero que gastan, casi 130.000 millones de euros. Pero como decía Galbraith, las estadísticas sirven más para ocultar que para ilustrar.

El 70% de los chinos que van al extranjero viajan a Hong Kong, Taiwán y Macao, es decir a otras partes de China , otro 20% van al resto de Asia, especialmente a lugares donde hay fuertes colonias chinas. Del 10% que queda, es decir los que hacen turismo de verdad, algo más de la mitad van a Estados Unidos y Australia, y unos cuatro millones vienen a Europa. Es lógico prever que con el crecimiento del turismo emisor en general, la cuota de mercado de Europa crezca al empezar a salir gente más joven, con conocimiento de idiomas y con ganas de conocer mundo, pero aun así se trata, y así será en los próximos años, de un mercado pequeño.

El primer lugar en Europa lo ocupan Francia (París) e Italia, con sus tres ciudades: seis veces más clientes chinos que España que ocupa el lugar número treinta como destino. Recibimos el 0,3% de los chinos que salen al extranjero que representan el 0,4 de los turistas que visitan España. Un buen fin de semana de agosto vienen más británicos a España que chinos a lo largo de todo el año.

La previsión es que en el año 2020 sean 200 millones los chinos que salgan al extranjero, el doble que el pasado año, con lo que lógicamente en ese año recibiríamos un poco más de medio millón de turistas de esa nacionalidad y no el millón que prometen nuestras autoridades. Es cierto que gastan mucho en compras, pero buscan alojamiento y restaurantes de precios moderados, y con tal número de exigencias muchos hoteles en Francia y Alemania han abandonado ese mercado.

La confusión proviene de que metemos en el mismo saco dos productos que poco tienen que ver entre sí, pero que caben bajo la denominación de turismo. Por un lado figura el turismo climático, llamado de sol y playa, que representa un 70% del total, y que es una exclusividad de la Costa catalana, las Baleares, Benidorm, Costa del Sol y las Canarias. Estos destinos no pueden cambiar de modelo, aunque quisieran, sino que necesitan obtener mayor valor añadido de sus productos, fundamentalmente mediante la renovación y mejora de las infraestructuras hoteleras y de la oferta complementaria, como por otra parte están haciendo continuamente, en algún caso como Ibiza, con gran éxito. Aquí, con perdón, poco pintan los chinos o los brasileños.

El 30% restante se lo reparten casi a partes iguales Madrid y especialmente Barcelona, y el resto de España destacando algunas ciudades como Sevilla, Málaga, Palma de Mallorca o Bilbao.

Y aunque incluso en esos destinos los principales clientes siguen siendo los británicos, franceses y alemanes, es donde hay posibilidades de captar turistas procedentes de mercados emergentes de mayor capacidad de gasto, pero inevitablemente con un menor índice de repetición.

Por favor, vendamos lo que tenemos: buen clima, cerca de grandes mercados emisores, con productos con buena relación calidad-precio, en ambientes seguros y con infraestructuras de primera calidad.